‘Mi hermana fue quien me dio la noticia y lo primero que pensé fue en no haber contagiado a mis hijos y esposo, quien estuvo al lado mío los 12 días que estuve en casa con tos, fiebre y un malestar generalizado, sin saber que estaba contagiada’, relató la maestra.
En diálogo con Prensa Latina aseguró que nunca tuvo miedo por si misma, pero la embargó una tristeza muy grande por el dolor que causaría su partida a los familiares más cercanos.
‘Yo pensé que de esta no iba a salir porque llegué con cinco de hemoglobina al hospital, por tanto encomendé mi alma a Dios para que guiara a los médicos panameños y cubanos que me atenderían. Pero al parecer, todavía no era mi momento’, narró esta mujer de fe.
Recordó que a su llegada al centro asistencial empezó a llorar; sin embargo, tuvo palabras de aliento de los doctores, especialmente de uno de los cubanos del Contingente Henry Reeve, quien la ayudó a pensar positivo para no dejarse vencer por la depresión y el desaliento, reacciones muy frecuentes en los pacientes con Covid-19.
‘Usted va a salir de esto y yo estaré con usted en todo momento’, decía constantemente el médico, palabras que a juicio de Carmen le dieron fuerza interna para dejar de llorar y que Dios tomara el control de todo, porque ‘él nos da esperanza de vida’.
Durante su conversación, pese a la persistente tos que le dejó la enfermedad, la docente rememoró los 12 días que estuvo internada en la Unidad de Cuidados Respiratorios de la Ciudad de la Salud, conectada a un ventilador con mascarilla porque sus pulmones estaban inflamados por la neumonía.
‘Todo el tiempo los doctores monitoreaban mi estado de salud y la saturación de oxígeno, incluso desde su puesto de trabajo, gracias a la sofisticada tecnología que posee ese hospital (público) cinco estrellas, el cual supera a cualquier privado’, aseveró.
Al indagar sobre el peor momento de la enfermedad, Carmen fue categórica: ‘cuando me pusieron la primera transfusión de sangre, pues unos minutos después sentí un escalofrío muy grande y mi cuerpo no dejaba de temblar, así que los médicos corrieron y deduzco que me pusieron adrenalina, porque mi cuerpo empezó a estabilizarse’.
DIAGNÓSTICO ANUNCIADO
A diferencia de algunas personas, desde el primer momento Carmen supo quién ‘le pegó el virus’: su hermana, una auxiliar del centro de especialidades Las Américas que pese a estar vacunada, desconocía que era asintomática a la Covid-19.
‘El lunes la llamaron del trabajo para comunicarle que debía presentarse porque en el examen rutinario de sangre, que siempre les hacen, salió positiva. Para entonces yo había tenido contacto con ella y su hija, la cual también estaba infestada’, relató.
‘Después mi hija tuvo fiebre y pensamos que era por el cloro, pues ella es alérgica a ese producto que ambas usamos durante la limpieza del fin de semana en los cuartos de alquiler que tenemos en el barrio de San Isidro, en el populoso distrito capitalino de San Miguelito’, subrayó.
‘El jueves yo comencé a tener episodios febriles y se lo achaqué a que estuve cerca de ocho días limpiando la casa que los inquilinos dejaron bien sucia, por tanto pensé que el malestar era a causa de los riñones’, precisó.
‘Para contrarrestar la dolencia tomé unas pastillas que mejoraron momentáneamente mi estado de salud, pero en la noche volvía la tos y el reflujo’, rememoró la profesora, quien el 21 de febrero llamó a su hermana porque ‘ya no aguantaba más y sentía que la vida se me iba’.
‘Entonces ella me llevó a la clínica privada donde trabaja e inmediatamente el doctor me indicó un hisopado que en ese lugar tenía un precio de 96 dólares, el cual no era accesible para mí, amén de que estaba demasiado exagerado para tiempos de pandemia’, reseñó Carmen.
‘Yo estaba clara que tenía un infección debido a la fiebre, por lo que le pedí al médico que me hiciera los exámenes de rutina. En ese momento fue cuando la hemoglobina me salió en cinco, por lo que el doctor dijo que no podía irme a casa, de lo contrario podría sufrir un infarto’, acotó.
Ante tales augurios, nada halagüeños, acudió de inmediato al Complejo Hospitalario de la Caja del Seguro Social, donde estuvo ingresada en urgencia hasta el amanecer, cuando la trasladaron a una sala de esa instalación pública, la mayor del país, para hacerle un hisopado rápido que dio positivo. Entonces ya llevaba 14 días con la Covid-19. ‘Tras el diagnóstico positivo me sentí como una leprosa, pues inmediatamente te ponen una carpa de aislamiento y advierten a todos de la necesidad de no acercarse porque estás contagiada. Se siente uno como un desecho’, afirmó la paciente que en todo momento estuvo consciente.
Por suerte mi hija solo perdió el olfato y tuvo fiebre un día, y aunque la tos persistió por más tiempo, a la semana de estar aislada en casa ya estaba recuperada totalmente; mientras mi esposo y dos hijos varones lograron salir ilesos, comentó aliviada.
REFLEXIONES DE UNA PADEMIA
A dos meses de ganarle la batalla al virus invisible que muchos temen por su agresividad, nivel de contagio y las secuelas que deja, Carmen habló de cómo este enemigo sin rostro cambió su vida.
‘Ahora soy más obsesiva con la limpieza. A las cuatro de la madrugada me paro de la cama a limpiar. También tengo una ansiedad muy grande por hacer cosas pendientes, pues sentí la muerte tan cerca, que ahora trato de no posponer nada. La vida es tan corta, que debemos disfrutarla al máximo’, sentenció.
Con la exactitud que suele caracterizar a los maestros, invocó el instante en que le pusieron la segunda transfusión de sangre, ya que en ese momento sintió que podía superar la enfermedad.
‘Ahora estoy muy activa y con mucha energía. Antes me agotaba constantemente, apenas podía hacer las cosas y me pasaba mucho tiempo en cama, porque el cansancio se apoderaba de mi cuerpo’, apuntó.
‘Siento que esta enfermedad ataca las partes vulnerables de las personas, pues en mi caso acentuó el reflujo y la anemia, ya que me destruyó los glóbulos rojos’, dijo.
Aseguró que la primera señora que compartió la habitación con ella en el hospital era muy positiva, pero la segunda le generó mucha angustia porque no comía, no se paraba de la cama, solo movía la cabeza y el dedo, al tiempo que repetía insistentemente su deseo de regresar a casa. ‘Durante los seis días que estuvo a mi lado, nunca le conocí la voz’.
Para quien resulta difícil seguir reglas, porque ‘en la casa las impogo yo’, la Covid-19 no le dejó otra opción que ‘someterme a las de Vlado’ (esposo), las cuales ‘son más duras que las mías’.
‘Yo soy un alumno empírico del doctor (Francisco) Durán, del cual he seguido al pie de la letra todas las recomendaciones sobre lo que debe hacer una persona después de recibir el alta médica y epidemiológica’, explicó Vlado con el orgullo de portar en su ADN sangre cubana.
‘En este caso suelo ser frío y no dejo que las emociones dicten pautas en la toma de decisión’, precisó el profesor, quien aseguró ser muy disciplinado para estas cosas, gracias a los consejos diarios que ofrece el director nacional de Epidemiología del Ministerio de Salud Pública en Cuba.
Resaltó el apoyo de la embajadora de la nación antillana en Panamá, Lydia Margarita González, y de Mabel Lora, agregada comercial, a través de constantes llamadas telefónicas, que lo animaban acerca de la evolución de su esposa.
Tampoco faltaron los elogios para una de las galenas cubanas del Contingente Henry Reeve, con la cual estuvo en contacto todo el tiempo, incluso hasta en horas de la madrugada, para saber cómo proceder con su hija contagiada que estaba ingresada en casa.
Por lo pronto, Carmen no recuerda nombres, pero agradece y tiene registrado en sus contactos telefónicos a la ‘Doctora del Covid’, una de las cubanas que la atendió durante su estancia en la Ciudad de la Salud y que identificó por el inconfundible acento.
‘Esperamos que la Covid-19 no vuelva a entrar a nuestra casa’, fue su mayor deseo al término de la larga plática, en tanto Vlado expresó que luchará para ponerse la vacuna cubana Soberana 02, al igual que lo hizo para apoyar la llegada de los galenos de la isla a Panamá.
alb/npg
(*) Corresponsal jefa de Prensa Latina en Panamá.
















