Ello debe hacerse para fortalecer la estabilidad y la seguridad globales, así como con miras a fomentar la prosperidad y el bienestar de todos los Estados, aclaró el diplomático en un artículo enviado a Prensa Latina.
Guskov recordó que el 22 de junio es el Día de la memoria y dolor por todos los caídos, martirizados por fascistas, caídos en la retaguardia de hambre y privaciones.
El factor principal que predeterminó la mayor tragedia de la historia de la humanidad fue el egoísmo de Estado, la cobardía, la indulgencia del agresor ganando fuerza y la falta de voluntad de las élites políticas para encontrar un compromiso, afirmó.
Precisamente, con la agresión a la Unión Soviética empezó la etapa más sangrienta de la Segunda Guerra Mundial, subrayó el embajador ruso.
La Unión Soviética se enfrentó al ejército más fuerte, más numeroso y entrenado del mundo, que ya contaba con el potencial industrial, económico y militar de casi toda Europa, acotó.
En aquella invasión mortal participaron no solo la Wehrmacht (ejército hitleriano), sino también los satélites alemanes de Hungría, Italia, Rumania, Finlandia, Eslovaquia y Croacia, explicó el diplomático ruso.
La URSS llegó a ser el único Estado que pudo frenar y después detener la expansión de Alemania y le correspondió cerca del 75 por ciento de todas las acciones militares de la coalición antihitleriana, destacó el jefe de la misión diplomática.
Durante la guerra, el Ejército Rojo ‘trituró’ 626 divisiones de potencias del Eje, de las cuales 508 eran alemanas, acotó.
Más de siete millones de soldados soviéticos en más de 90 agrupaciones militares en casi 15 meses liberaron Varsovia, Belgrado, Viena y Praga, tomaron por asalto Koenigsberg y Berlín, destacó el funcionario.
El revisionismo en Occidente, sobre todo con respecto a la Segunda Guerra Mundial y sus resultados, es peligroso porque distorsiona de forma brutal y cínica la percepción de principios de desarrollo pacífico de 1945, advirtió el embajador.
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