Milagros Alfonso, del Centro de Meteorología de la occidental provincia cubana de Matanzas (CPMM), añadió a las citadas adversidades la amenaza en la elevación del nivel medio del mar para las tierras de cultivo y el agua de consumo.
Para enfrentar esa realidad, destacó, se estableció la Tarea Vida, plan del Estado Cubano para el Enfrentamiento al Cambio Climático, el cual incluye acciones desde la ciencia agrometeorológica que ayudan a productores, cooperativas y campesinos individuales en su labor agropecuaria.
‘En Matanzas tenemos zonas de intervención directa relacionadas con las estaciones meteorológicas de áreas costeras para elaborar medidas de adaptación para las cosechas en las diversas épocas de siembra y acopio’, explicó la especialista del CPMM.
Alfonso precisó que la demarcación matancera es la más vulnerable del país por presentar costas bajas o muy bajas, mientras el agua potable procede, mayoritariamente, de acuíferos subterráneos.
‘En todos estos procesos la inclusión del dato meteorológico es vital, de ahí la intención de hacérselo llegar directamente a los productores según las particularidades de cada región’, especificó.
A esa estrategia se unen prácticas y principios agroecológicos añadió Yuván Contino, investigador de la Estación Experimental Indio Hatuey, ubicada al centro de la región de Matanzas.
Contino precisó que ‘utilizar estos métodos ha permitido sostenibilidad en las producciones, mayor cantidad de alimento animal, mejora de los suelos y generar energía renovable’.
Biopreparados con plantas, algas, restos de pescado y polvo de rocas que aportan nutrientes, mejoran la calidad de las cosechas y evitan la aparición de enfermedades son otros elementos empleados, añadió.
Estos beneficios, destacó, llegan a partir de la aplicación de la ciencia en la rama agrícola, actividad que mayoritariamente se desarrolla a la intemperie y bajo las actuales condiciones de cambio climático.
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