No podía ser de otra manera porque ya Frank Josué y Natalia, la hermana de ella, recibieron sus inoculaciones en la Secundaria Básica y se aprestan a continuar en las próximas semanas con el esquema de inmunización con Soberana 02.
Así sucede, a lo largo y ancho de la geografía cubana, con miles de hogares donde los niños son protagonistas de esta hazaña científica junto a adultos que igualmente ponen sus hombros para completar esta campaña sanitaria que favorecerá en buena medida el freno a la Covid-19.
La confianza en los expertos cubanos que han logrado estos inmunógenos, en medio de dificultades y tensiones de todo tipo pero con una cuota inmensa de amor, dedicación y entrega, es ‘otro virus’ que se expande entre los habitantes del archipiélago.
De tal manera, cualquier vestigio de inseguridad y aprensión queda desterrado cuando alrededor son miles las personas de mayor edad que se han vacunado, sin efectos adversos de consideración y una evolución satisfactoria en los días siguientes.
Aunque es lógica la expectación al tratarse de niños, lo cierto es que, hasta la fecha, desde que comenzó este proceso en edades pediátricas, los saldos son alentadores y los pequeños, con esa capacidad tan suya de insuflar optimismo sin proponérselo, están animando para bien estos días pesarosos.
Como un ‘valor agregado’ estas acciones de inmunización han traído también, para los estudiantes involucrados y los que son matrícula de la primera infancia, como Natacha, la oportunidad del reencuentro con sus condiscípulos al cabo de meses de alejamiento.
La interrupción del curso escolar, ante los rebrotes incesantes del SARS-CoV-2, causante de la pandemia, ha significado un quiebre para quienes, en esas edades, tanto necesitan del contacto con sus coetáneos.
‘Para ella es como si fuera una fiesta’ dice la abuela materna al contar sobre estos días previos en que la nieta le ha compartido la contentura por volver a ver a sus amiguitos después de casi un año de encierro.
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