La llegada de Joseph Biden a la Casa Blanca en enero representó para Europa la visión del retorno a la tradicional relación de socios con Washington, que nunca ha renunciado a ser el socio con la última palabra, tras los cuatro años tormentosos de Trump, quien llegó a lanzar frases como “la estupidez de Macron” o “siempre he dicho que el vino americano es mejor que el francés”.
En septiembre escandalizó a París la ruptura por Australia de un contrato por 55 mil millones de euros para la construcción en suelo galo de 12 submarinos convencionales, luego de que Canberra encargara a Estados Unidos naves de propulsión nuclear en el marco de un acuerdo de seguridad junto al Reino Unido en la zona Indo-Pacífica (Aukus).
De puñalada por la espalda calificó Francia la decisión, responsabilizando a la Casa Blanca, al punto de llamar a consultas a su embajador en el país norteño.
El gobierno galo reclamó entonces tiempo y acciones concretas del otro lado del Atlántico para superar la crisis, al parecer relegada a finales de octubre con el tibio mea culpa de Biden en su encuentro con Emmanuel Macron en Roma, bajo la sombrilla de la cumbre del G20.
Hicimos algo torpe y sin mucha gracia, dijo entonces el experimentado político, quien se aseguró de dejar claro que “Francia es un socio extremadamente, extremadamente valorado”.
Para Macron, las partes “habían aclarado lo que debían aclarar», y de repente el escándalo de los submarinos quedó aparentemente en el olvido, aunque 55 mil millones de euros perdidos no es una cicatriz precisamente pequeña, en un mundo con don dinero como protagonista.
GRECIA NUEVA MANZANA DE LA DISCORDIA
A menos de tres meses del portazo de Australia y del estallido de la crisis París-Washington, el gobierno de Biden dio luz verde el 10 de diciembre a la posible venta de cuatro fragatas a Grecia, aun cuando Francia había acordado en septiembre el suministro de tres embarcaciones de ese tipo a Atenas, por alrededor de tres mil millones de euros.
Le Figaro escribió acerca del nuevo intento estadounidense de quitarle un jugoso contrato militar a Francia, recordando el reciente y sin precedentes diferendo.
La sangre esta vez no llegó al río, y el 11 de diciembre el Ministerio de Defensa aseveró que el pacto con Grecia fue confirmado, y que “la oferta estadounidense ya no estaba sobre la mesa”.
La propia fuente oficial gala cumplió el papel de apagafuegos preventivo, esgrimiendo que París había sido esta vez advertido por Washington sobre su paso. Al parecer, Estados Unidos no pudo desde el punto de vista administrativo detener el proceso de oferta por complicaciones internas, y esta siguió su curso, justificó.
Por su parte, Grecia insistió en que nunca estuvo en peligro el acuerdo para la compra de las tres fragatas bautizadas Belharra en su variante exportadora, que serían suministradas en 2025 y 2026, con la opción de contratación de una cuarta.
Biden y Macron hablaron en la reconciliación de lanzar un diálogo estratégico sobre el comercio de armas, el tiempo dirá.
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