Si bien las temperaturas extremas no son tan destructivas como otras amenazas naturales, tales como los huracanes e inundaciones repentinas, provocan mortalidad y morbilidad sin evidencias inmediatas, precisó la entidad mediante un comunicado.
Ejemplificó que ese fenómeno afectó Europa en el verano de 2003 y fue responsable del fallecimiento de 70 mil personas, mientras alertó sobre un aumento en la frecuencia, duración y magnitud en los últimos años, causante de dermatitis, edemas, quemaduras, insolación, calambres, síncope, entre otras.
El número de personas expuestas a las olas de calor entre 2000 y 2016 subió en alrededor de 125 millones, y en la última década la cifra creció 175 millones en comparación con el promedio de la anterior, señaló la OPS.
Durante el verano de 2018-2019, siete naciones (Argentina, Brasil, Chile, Perú, Paraguay, Uruguay, y México en el norte del hemisferio) se vieron afectadas, algo nunca antes visto en las Américas, describió.
Para la OPS los impactos negativos de estos eventos son predecibles y prevenibles a través de planes de acciones de salud pública y, además, el fortalecimiento de las capacidades de los servicios meteorológicos.
A mediados del presente mes, un calor sofocante se apoderó del centro de Sudamérica y las temperaturas se dispararon a más de 40 grados Celcius (°C). En ese momento, era el lugar más caluroso del planeta, título que pasó a Australia occidental.
Según el Servicio Meteorológico Nacional de Argentina, las estaciones terrestres en Buenos Aires registraron 41,1 °C el 11 de enero, el segundo día más caluroso que se conociera en la ciudad.
Las altas temperaturas se extendieron al oeste hacia la cordillera de los Andes, así como al norte hacia Paraguay, Uruguay, y generaron calor extremo por al menor tres días.
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