Tras la huelga del 18 de febrero, que paralizó gran parte de la red de transporte, la de mañana viernes se espera que tenga menos incidencia, pues cancelará dos terceras partes de los servicios de autobuses y tranvías, pero apenas tendrá efecto en el metro y los trenes de cercanías, fundamentales para una gran parte de la población que habita la periferia parisina.
Desde comienzos de año los sindicatos proyectaron varias jornadas de acciones para presionar a los gestores de RATP en la negociación en curso sobre las normas de organización y tiempo de trabajo que entrarán en vigor a partir del 1 de enero de 2025, fecha en que iniciarán sus operaciones varias empresas privadas.
Se estima que la liberalización del transporte en París reducirá en 16 mil el número de conductores de autobús y unos mil trabajadores de la red de tranvías, lo que supone cerca de un 40 por ciento de la actual plantilla de RATP, y además impondrá un convenio colectivo único tanto para la empresa pública como para las privadas.
Mientras sindicatos mayoritarios, como CGT, siguen exigiendo la suspensión del proceso y el “mantenimiento del monopolio público” en la red de transporte, la dirección de la empresa busca “acercarse lo más posible” a las condiciones de trabajo previstas en el futuro convenio colectivo, y espera llegar a un acuerdo con los trabajadores en abril.
Por el momento la empresa propuso ampliar la jornada laboral en 40 minutos diarios y suprimir seis días de descanso al año, compensando a cambio con una subida salarial de unos 70 euros al mes, pero para los sindicatos esa oferta “es una burla” pues la anterior indemnización estaba muy por encima de la ahora presentada.
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