Exparlamentarios y otrora altos funcionarios, así como representantes de los ámbitos académico, cultural e intelectual, consideraron muy lamentable para la izquierda, para Francia y para Europa que sucumba la ideología promotora de la justicia social mediante la intervención directa del Estado en la economía capitalista.
En los comicios presidenciales de abril, la alcaldesa socialista de París, Anne Hidalgo, apenas contó con 1,74 por ciento de los votos, escenario que ratificó la tendencia a la baja de una fuerza política que en 2012 llevó al poder a François Hollande.
La sociedad justa aportada por la socialdemocracia enfrenta nuevos desafíos, en medio de una realidad mundial diferente a la del siglo XX, estimaron los firmantes del documento publicado por el semanario Le Journal du Dimanche, en el que advirtieron la división de la izquierda en Francia y el alegado impacto en la misma de una cultura radical.
Ante años de confusión, es necesario reafirmar nuestros principios y convicciones de que no se trata ni de una izquierda tibia, de centro, que vacilaría entre el radicalismo y la moderación según las estaciones, ni de una izquierda en apariencia y un neoliberalismo moderado en el fondo, subrayaron.
En ese sentido, el exresponsable del Partido Socialista Jean-Christophe Cambadelis y los exparlementarios Laurent Dutheil y Michel Destot, y el historiador Alain Bergounioux, entre otros, definieron la socialdemocracia como “una filosofía de la libertad, pero de la libertad real”.
Las libertades no deberían ser solo las garantizadas por los derechos del hombre y del ciudadano, también por las concretas, que dan a cada uno la posibilidad para llevar su propia vida, señalaron citando al socialista liberal italiano Carlo Rosselli cuando expuso hace nueve décadas que el socialismo se produce “cuando la libertad llega a los más pobres”.
Los firmantes del editorial defendieron la separación clara de las responsabilidades de los sectores público y privado, y enmarcaron dentro del primero servicios como la salud, la educación y el agua, sin excluir el papel de empresas privadas, pero bajo estrictas especificaciones y control de las autoridades públicas.
“El resto debe depender de la economía de mercado dentro de las reglas establecidas por los Estados. La redistribución sigue siendo una prioridad. Necesitamos una solidaridad plena y completa con los desempleados y los pobres”, demandaron.
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