Largas filas de vehículos en los proveedores de gasolina y diésel, algunas restricciones en el suministro y la noticia esta mañana de que en zonas de la Región Parisina no está garantizado el transporte escolar conforman un panorama inquietante, atizado por el contexto de crisis energética que vive Europa.
La causa de las penurias en muchas estaciones del país responde a una huelga liderada por la Confederación General del Trabajo (CGT) para demandar un aumento de salario del 10 por ciento en tiempos de galopante inflación, pero resulta muy difícil para las personas abstraerse del impacto del conflicto en Ucrania en el ámbito energético de cara al invierno.
Particular preocupación genera el paro, que suma ya 11 días en tres refinerías de TotalEnergies y dos de ExxonMobil, en las regiones de Alta Francia y la Parisina, donde el 54 y un 45 por ciento de los sitios de venta de combustibles, respectivamente, presentaron la víspera dificultades por la falta de al menos uno de sus productos.
El domingo trajo una luz de esperanza en la solución del conflicto, luego del anuncio de ambos grupos petroleros de su disposición a negociar con los sindicatos.
La CGT había decidido ampliar la huelga, después de acusar a la dirección del gigante francés TotalEnergies de ignorar las demandas.
De acuerdo con el gremio, uno de los más importantes de Francia, su propuesta de limitar las reivindicaciones a la cuestión del incremento salarial no tuvo respuesta del presidente-director general de la compañía, Patrick Pouyanné, a quien envió el sábado una carta abierta.
También el Gobierno aumentó la presión en voz de la ministra para la Transición Energética, Agnès Pannier Runacher, con un llamado a los dirigentes sindicales y de las empresas concernidas a encontrar sin demora una salida.
Los franceses no deberían pagar las consecuencias de un movimiento social, este conflicto debe cesar, subrayó la alta funcionaria.
Horas después, TotalEnergies informó en un comunicado su disposición a adelantar las negociaciones sobre salario previstas a mediados de noviembre, lo mismo que hizo la filial francesa de la entidad estadounidense ExxonMobil, lo cual justifica la expectativa de hoy.
El gigante francés del sector puso como condición el fin del paro en refinerías y depósitos, expresando voluntad de “definir cómo los trabajadores se beneficiarán de los resultados excepcionales” de la compañía, la cual logró ganancias superiores a los 10 mil millones de euros en el primer semestre del año.
La crisis llegó como era de esperar a la política, y en medio de los intentos del presidente Emmanuel Macron y la primera ministra Elisabeth Borne de transmitir calma, oficialismo y oposición tuvieron algún que otro encontronazo.
En uno de ellos, la jefa de la bancada oficialista en la Asamblea Nacional, Aurore Bergé, acusó ayer a la CGT de lanzar una huelga preventiva y la responsabilizó por las dificultades que viven los franceses frente a las bombas de combustible, postura repudiada por el líder de los comunistas Fabien Roussel.
Debería presionar a TotalEnergies para que negocie con los trabajadores, en lugar de poner en duda el derecho a la huelga, eso ayudaría más a restablecer el servicio en las estaciones, advirtió el también diputado.
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