En lo que los expertos entienden es un plan para prolongar el conflicto en la nación europea para beneficio de las empresas que integran el complejo militar industrial, la Casa Blanca envió ya ayuda militar y humanitaria a Ucrania por un valor superior a los tres mil 400 millones de dólares.
Esta semana el presidente anunció otros 800 millones, una movida política que podría prolongar y profundizar la guerra en el país europeo, algo que puede incrementarse luego que la secretaria del Tesoro, Janet Yellen, afirmó que será necesario pedir al Congreso una cuantía adicional, lo que puede ocurrir la próxima semana.
Mientras tanto, la situación de Biden no mejora en el país y el 56 por ciento de los entrevistados por una encuesta Gallup rechazaron su desempeño, lo que evidencia una reversión de sus números en comparación con el momento en que asumió el cargo, cuando el 57 por ciento de los adultos aprobaban su trabajo, precisó la pesquisa.
La aprobación promedio para este punto del mandato de Biden es más baja que la de todos sus predecesores desde la década de 1950, con la excepción del expresidente Donald Trump, que tuvo un 39,1 por ciento de favorabilidad en igual periodo
Todo esto ocurrie cuando Biden trata de impulsar su agenda interna lo cual fue el eje central de su recorrido por la costa oeste que lo llevo hasta el estado de Washington, donde reconoció que las exigencias inmediatas de la presidencia, incluyendo la pandemia y la guerra en Ucrania, lo alejaron de su agenda doméstica, según una reseña del diario The New York Times.
En Seattle, el viernes, el mandatario tuvo un respiro de Washington, donde está plagado de números de encuestas que se hunden, y lo devolvió al estilo de la campaña de charlatanería que lo energiza, comentó el Times.
En un viaje al noroeste del Pacífico esta semana, el presidente observó la construcción de una pista de aterrizaje de un aeropuerto pagada con fondos de una ley bipartidista de infraestructura de un billón de dólares.
Asimismo presentó un plan para restaurar los bosques nacionales devastados por los incendios forestales y promovió una agenda climática que en gran medida no se cumple pero, lo que preocupa a los estadounidenses de a pie, es el galopar de la inflación en el país que alcanza sus mayores números en los últimos 40 años.
Con temores evidentes de los seguidores de la tolda azul rumbo a las elecciones de mitad de mandato en noviembre y la posibilidad real de perder tanto el Senado como la Cámara de Representantes, Biden pidió más fondos a sus compatriotas.
«Tenemos que mantener el Senado de los Estados Unidos», dijo Biden el jueves en una opulenta casa con vistas al lago Washington en Seattle. «No podemos permitirnos perderlo. No podemos permitirnos perder la Cámara.
Durante su recorrido por el oeste, en Portland (Oregón), Biden lamentó que dos demócratas, los senadores Joe Manchin, de Virginia Occidental, y Kyrsten Sinema, de Arizona, frenaron gran parte de sus esperanzas de lograr un proyecto de ley de gasto social más amplio y otras iniciativas.
Entre ellas se encuentra el núcleo de la política climática de Biden: un plan de 555 mil millones de dólares para orientar al país hacia las energías limpias y los vehículos eléctricos, que, según los analistas, permitiría acercarse al objetivo de la Casa Blanca para 2030.
Otra situación que destaco en la semana fue la reanudación de negociaciones sobre el tema migratorio entre Washington y La Habana, el primer encuentro bilateral de alto nivel desde que Biden llegó a la Casa Blanca.
Durante su campaña, Biden prometió restablecer la tímida, pero importante normalización avanzada por el gobierno del que fue vicepresidente, pero hasta ahora no ha dado un solo paso en esa dirección.
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