El país vivió durante el otoño y las primeras señales del invierno dos rebrotes, que si bien dejaron cientos de muertos, decenas de miles de casos y tensión hospitalaria, sus consecuencias no fueron tan severas como en olas previas, al no responder a la irrupción de nuevas variantes o subvariantes del coronavirus SARS-CoV-2 y por el elevado nivel de vacunación en suelo galo.
La amenaza se agravó al coincidir los rebrotes con una epidemia de bronquiolitis sin precedentes en la última década y la gripe estacional, panorama que llevó al Gobierno y a expertos a promover el uso de la máscara en espacios concurridos y las vacunas contra la Covid-19 (segunda dosis de refuerzo) y la Influenza.
Según los datos de la agencia Salud Pública Francia, la tasa de incidencia de la Covid-19 cerrará el año en alrededor de 320 infectados por cada 100 mil habitantes, bien alejada de los casi 500 registrados al comenzar diciembre.
También la reproducción del patógeno cayó en los últimos días, distanciándose del valor uno, el cual indica que la enfermedad se propaga.
Respecto a la cifra de casos, se sitúa por debajo de 25 mil, mientras en los hospitales están ingresadas 24 mil 389 personas, de ellas mil 477 en cuidados intensivos.
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