Ese es el objetivo de Alas sobre adoquines, un proyecto de inclusión que surgió hace apenas un año dirigido a niños, adolescentes y jóvenes en situaciones de vulnerabilidad por enfermedades o falta de amparo filial, a quienes se les dificulta el acceso a los museos.
Adriana Pino, directora de comunicación del complejo de museos histórico-militares Morro-Cabaña y el Museo de la Revolución, explicó a Prensa Latina que la idea de llevar la historia a esas personas hasta allí donde se encuentran gestó a Alas sobre adoquines.
Muchas veces las acciones se han desarrollado en los predios de esas instalaciones con el auspicio de la Dirección de Educación Especial del Ministerio del ramo, pero en esta ocasión los organizadores pusieron la mira en el hospital pediátrico Juan Manuel Márquez, uno de los mayores de su tipo en esta capital.
Por ello este viernes una escuadra de soldados vestidos a la usanza de los años fundacionales de la fortaleza, rompió la rutina del centro de salud, a redoble de tambor, para llevar a los pequeños allí ingresados la Ceremonia del cañonazo de las nueve.
Solo que en esta ocasión el bando leído por el jefe de escuadra en nombre del gobernador de la Villa de San Cristóbal de La Habana, ordenaba que el tradicional estampido, anunciador del cierre de las murallas de la ciudad, en vez de pólvora tuviera una fuerte carga de alegría y sonrisas infantiles.
Y al estilo de un cuento de hadas, los pequeños conocieron la historia de cómo surgió el cañonazo de las nueve y su devenir hasta convertirse en Patrimonio Cultural de la Nación.
La singular «ceremonia» se realizó primero en los predios de la sala de oncohematología y más tarde en el teatro del hospital, que con capacidad de diseño para 243 camas, es centro de referencia provincial en traumatología, neurocirugía y psiquiatría y cubre prácticamente todas las especialidades pediátricas.
Para todos los muchachos hubo también juguetes, colores, libros y juegos de mesa, regalos de los jóvenes y demás trabajadores del complejo museístico y de otras entidades que se sumaron al gesto altruista, como la empresa Aerogaviota y el Centro de Prensa Internacional.
No faltaron quienes en este día celebraron su cumpleaños de forma singular, porque quizá nunca imaginaron que tendrían fotos junto a soldados de hace siglos.
Y lo más importante: la alegría volvió a los rostros de aquellos a quienes la enfermedad intenta borrársela, porque como anunciaba el bando del imaginario gobernador, el «cañonazo de las nueve» retumbó con sonrisas infantiles.
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