Con la serie 2-1 favorable a Denver, Miami jugará este viernes en casa con la obligación de ganar el partido, pues una derrota prácticamente los condenaría al cadalso.
Vale recordar que apenas una vez en la historia se pudo revertir un parcial 1-3 en finales de la NBA, específicamente en 2016, cuando los Cavaliers de Cleveland de Lebron James lograron la proeza frente a los Warriors de Golden State de Stephen Curry.
O sea, en 33 de las 34 ocasiones que la final se puso 1-3, ganó el equipo que iba delante en el match por la corona.
Con esos truenos, Miami quedaría entre la espada y la pared si cae en el duelo de esta noche.
La final comenzó con triunfo de Denver, por 104-93, sin embargo, Miami logró empatar a domicilio espectacularmente, con victoria 111-108 en el segundo choque.
Acto seguido, y ya en el sur de la Florida, los Heat, que en casa son prácticamente invencibles, tenían la oportunidad de irse delante en el enfrentamiento, pero los Nuggets sacaron el martillo y aplastaron a sus rivales por 109-94, para tomar la delantera 2-1.
Nikola Jokic, por mucho el Jugador Más Valioso de la postemporada, tiene claro que un éxito hoy dejaría la final vista para sentencia, por lo que podemos esperar otro rendimiento descomunal del pívot serbio.
De hecho, según los expertos, el punto clave para Miami será anular a Jokic, o al menos intentarlo hasta las últimas consecuencias, e incrementar -y estabilizar- los porcentajes de tiros de cancha, su gran cuenta pendiente.
Hasta el momento, en playoffs, Jokic acumula métricas de otra galaxia, tras exhibir, como promedio, un triple doble de 30.5, 13.4 rebotes y 10.1 asistencias por partido, una bestialidad.
Un dato: Denver jamás ganó un título de NBA, mientras Miami archiva tres coronas (2006, 2012, 2013).
El choque de este viernes está programado para las 20:30, hora local, en el Kaseya Center de 601 Biscayne Boulevard, Miami, con capacidad para 19 mil 600 personas.
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