Ese año Genditzki trabajaba como conserje en la residencia donde vivía una mujer encontrada muerta en su baño y se inculpó por el hecho, bautizado por la prensa como “el crimen de la bañera”.
Aunque el acusado siempre proclamó su inocencia fue encontrado culpable de golpearla durante una discusión y matarla, condena ratificada en un juicio de apelación en 2012.
Después de varios años de lucha y de nombrar otra abogada, la defensa logró obtener evidencias relativas a la temperatura del agua y llegó a la conclusión de que la hora de la muerte era completamente diferente, liberando a Genditzki de toda sospecha, según la prensa local.
Además un segundo peritaje basado en una simulación por ordenador mostró que la muerte pudo ser accidental.
Las dudas sobre su culpabilidad se hicieron tan evidentes que Genditzki vive en libertad con su familia desde agosto del pasado año y trabaja como conductor. Será indemnizado por el Estado por los años que pasó en prisión en base a una ley que prevé una indemnización de 75 euros por cada 24 horas de injusto encarcelamiento. El monto total asciende a cerca de 369 mil euros.
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