Nacen solo de abril a mayo y de ellas se extrae un aceite esencial con el cual limpian las paredes exteriores de la Kaaba, la piedra sagrada islámica en La Meca.
Los granjeros cosechan decenas de millones de esos raros ejemplares que resultan muy apreciados en la industria cosmética y culinaria; además, la esencia de tales flores es muy popular entre los visitantes del reino del desierto.
En especial la zona de Taif entrega cada temporada unos 300 millones de una especie vegetal airosa ante la sequedad y la escasez de agua.
Según Khalaf al-Tuweiri, el proceso consiste en hervir las rosas de 30 a 35 minutos, luego bajar el fuego durante unos 15 minutos hasta que comienza el proceso de destilación, que dura ocho horas.
Al-Tuweiri es propietario de una granja que heredó de sus antepasados y de generación en generación pasaron los secretos para procesar el venerado aceite al que algunos atribuyen cualidades divinas.
Tras la depuración, rellenan envases de diferentes tamaños y el más pequeño, de unos 100 mililitros, cuesta unos 106 dólares.
Los rosales crecen en el valle de Wadi Maram, en Al Hada, y en Al Shafa, a dos mil 500 metros de altura, en montañas al sur de Taif.
Por su cosecha a tales altitudes, esa maravilla de la naturaleza de 30 pétalos y perfume intenso supera en frescura a sus cercanas parientes, las rosas de Damasco, y forman parte esencial de la entidad del centro urbano y su principal sostén económico.
(Tomado de Orbe)
















