Antes del enfrentamiento de las Fuerzas de Defensa Nacional contra el Frente de Liberación Popular de Tigray (TPLF, siglas en inglés), el estado regional homónimo era atractivo para turistas nacionales e internacionales, precisamente por su impronta cultural e histórica.
Fue Tigray, afirman estudios, cuna del Reino de Axum, potencia expandida hasta Sudán, Eritrea y el occidente de la península arábiga, dominante en la región desde el invento de la catapulta o antes, hasta el siglo X.
Desvanecido aquel florecimiento quedó la ciudad de idéntico nombre, Aksum para muchos, donde permanece el Arca de la Alianza, un cofre de madera cubierto de oro creado por mandato divino -según relatos bíblicos- para guardar las tablas de los 10 mandamientos.
Eso asegura la Iglesia copta etíope, que la resguarda en el templo de Nuestra Señora de Sion, al cuidado de un sacerdote descendiente de uno de los levitas, quienes la trasladaban y cuidaban. Pruebas arqueológicas autentifican esa teoría.
Obeliscos monolíticos, estelas gigantes, tumbas reales y ruinas de castillos integran las reliquias de la ciudad, corazón de la antigua Etiopía, ‘estado más poderoso entre el Imperio romano de Oriente y Persia’, como fuera calificada.
En los increíbles paisajes naturales de Tigray también hay al menos 121 iglesias excavadas en roca, las cuales, se cree, representan el grupo más grande de arquitectura de ese tipo en el mundo y protegen tesoros como pinturas murales, objetos litúrgicos y manuscritos.
Tal jurisdicción, exactamente en la ciudad de Adwa, fue además escenario de la victoria en marzo de 1896 de las tropas lideradas por el emperador Menelik II contra las fuerzas coloniales italianas, una gesta que garantizó la independencia del país.
Asimismo, Tigray comparte con el estado de Amhara la exclusividad de un espectáculo ancestral: el festival Ashenda, el cual marca el final del ayuno nombrado filseta y es protagonizado por niñas, jóvenes y adultas.
Su nombre alude a una hierba alta que las mujeres colocan alrededor de la cintura como decoración para los tilfis, unos vestidos tradicionales de algodón bordados desde el cuello hasta los pies.
Todo esto y más, como su música eclesiástica y las canciones de alabanza, por ejemplo, son patrimonios regional y nacional. Una herencia ahora en peligro porque la beligerancia del TPLF la colocó detrás del telón de la guerra y, por tanto, puede condenarla a permanecer en las oscuras manos del olvido.
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(Tomado de Orbe)
















