Liu Jun, directivo de la entidad, dijo que la herramienta comenzará a usarse desde la próxima temporada, todavía está en construcción y tiene como objetivo primordial detectar y darle inmediata solución a los problemas monetarios de los equipos del país.
“Una liga debe balancear sus ingresos y gastos para promover un desarrollo saludable. Debido a los gastos excesivos del pasado, fue muy difícil cumplir con ambos propósitos”, dijo.
El funcionario agregó que esa fue la razón detrás de los límites introducidos a los salarios y otros egresos de los clubes, pues se busca recaudar más de lo invertido y este año debe verse los resultados de tal política.
En 2021 China topó los sueldos de los futbolistas y se enfocó en incentivar el desarrollo del deporte, tras el fiasco en la clasificatoria hacia el Mundial de Qatar 2022.
Restringió la paga de los locales a 1,4 millones de dólares y a 3,3 millones de dólares la de los jugadores extranjeros.
Además, cada club de la Súperliga -el torneo nacional- puede gastar un máximo de 157 millones de dólares al año y de ese monto debe destinar el 60 por ciento a los salarios.
El país asiático durante algunos años se convirtió en un destino de interés para foráneos gracias a, por ejemplo, contratos de hasta 20 millones de dólares en una temporada del fútbol profesional o los 61 millones de euros que el Shanghai SPIG pagó al Chelsea en 2016 por fichar al brasileño Óscar.
Pero las autoridades mostraron inquietud porque aunque los dueños han invertido mucho, recuperan poco, y los constantes problemas de sostenibilidad económica de los clubes conllevaron a la disolución de muchos, incluso de campeones.
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