En un comunicado, la entidad confirmó el arresto preventivo este martes de los agentes de una unidad élite antimotines como parte de la investigación en curso y el llamado como testigos a otros uniformados.
Mohamed Bendriss, de 27 años, perdió la vida en la noche del 1 al 2 de julio, cuando un examen médico encontró el impacto en su pecho de un artefacto compatible con las llamadas balas de defensa, proyectiles que las fuerzas del orden califican de no letales en la dispersión de personas.
Por esos días Marsella, al igual que decenas de ciudades francesas, era escenario de manifestaciones y de episodios violentos generados a raíz de la muerte del adolescente de 17 años Nahel, a finales de junio en Nanterre, en la Región Parisina, donde un agente le disparó durante un control vehicular.
Según fuentes al tanto del nuevo caso de presunta violencia policial, la pesquisa busca determinar si el disparo que habría causado el deceso de Bendriss fue reglamentario o no.
El arresto de uniformados se produce en momentos en los que parecían disminuir las tensiones por la decisión de la justicia, emitida el 3 de agosto, de mantener el encierro preventivo de un policía sospechoso de provocar graves lesiones al joven de 22 años Hedi esa propia noche y en la misma Marsella.
La detención desató protestas de colegas, muchos de ellos acogidos al “paro por enfermedad” en señal de desacuerdo.
Ante la polémica, atizada por declaraciones de jefes policiales que defendieron al agente, el presidente Emmanuel Macron, la primera ministra Élisabeth Borne y el ministro del Interior Gérald Darmanin se vieron obligados a subrayar que nadie está por encima de la ley en una República.
Los recientes hechos avivan la polémica por las denuncias de uso excesivo de la fuerza y discriminación dentro de los cuerpos de orden público, al punto de que la Oficina del Alto Comisionado de la ONU para los Derechos Humanos lanzó un llamado al gobierno francés a ocuparse del asunto.
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