Según antiguas escrituras, el acontecimiento simboliza el triunfo de Durga en su batalla contra el rey demonio Mahishasura, y usualmente dura 10 días en el mes de Ashvina, el séptimo del calendario hindú, correspondiente entre septiembre y octubre.
Representada con numerosos brazos, portando armas y una flor de loto, esta deidad posee una sonrisa meditabunda y se asocia con el león en la literatura y la escultura.
La celebración comienza a la par del festival Navratri (de nueve noches) -que ocurre en muchos estados del norte y el oeste en honor a la divinidad femenina Shakti- y su jornada inicial se nombra Mahalaya, que anuncia la llegada de la heroína.
Las mayores ceremonias del culto comienzan en Sasthi (la sexta fecha) y durante las tres siguientes se veneran las distintas formas de Durga, como son Lakshmi y Sarasvati.
Tales fiestas terminan con Vijayadashami, también conocido como Dussehra o décimo día de la victoria, cuando en medio de fuertes cánticos y tambores las estatuas sagradas son llevadas en grandes procesiones para ser sumergidas en los ríos locales, una costumbre representativa de la partida de la diosa al encuentro de su marido Shivaen el Himalaya, su hogar.
Las diferentes imágenes, entre ellas la de un león que ataca al demonio Mahishasura, son colocadas en templos y pandals, unas estructuras y galerías muy decoradas hechas de bambú.
Elaborar los ídolos de Durga consume a los artesanos de cuatro a cinco meses, en un proceso cuya primera etapa implica la creación de marcos. Luego, los perfiles se rellenan con heno para darles volumen, a la vez que se aseguran de que las figuras no sean demasiado pesadas.
Posteriormente, se aplica una capa de arcilla espesa y pegajosa, y cuando el manto está seco se emplea nuevamente la marga para esculpir el cuerpo.
En aras de delinear las caras y las manos, las fibras de yute se amasan diligentemente en arcilla para que sean resistentes y flexibles. Además, se apela a una capa de moldeo especial.
Las figuras se cubren finalmente con pintura de tiza blanca y goma de semillas de tamarindo, que producen diferentes colores y, tras la adición de cabello, ropa, adornos,y armas, se culmina con el esbozo de los ojos de la diosa, dándole vida simbólica al preciado ícono cultural.
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(Tomado de Orbe)
















