En la misma llave pero en el plano más bajo del organigrama, un protagonista inesperado, Suiza, y la Furia Roja de España, inestable, pero al final contundente y laboriosa.
Mientras los españoles se medirán a los helvéticos en San Petersburgo a primera hora, con la balanza inclinada hacia los de Luis Enrique, las miradas se depositarán con mayor énfasis en el choque entre belgas e italianos.
El torneo deparó bastantes resultados inesperados y al sucumbir en el camino el campeón mundial, Francia, el titular continental a punto de ser destronado, Portugal, la rocosa Alemania y los prometedores Países Bajos, no hay mucho donde escoger.
Sin restarle méritos a los equipos que alcanzaron los cuartos de final que se disputarán viernes y sábado, hay un sabor de boca extraño resignado a otro programa de pareos no tan interesante, Inglaterra-Ucrania y Dinamarca-República Checa.
Los temores de agravamiento de las lesiones que padecen dos pilares esenciales de los belgas, Kevin de Bruyne y Eden Hazard preocupan a las huestes del entrenador Roberto Martínez. Parecen en forma el goleador Romelu Lukaku y el extraordinario arquero Thibaut Courtois.
Italia, bajo las riendas de Roberto Mancini, tiene un balance de tres victorias y un empate frente a Bélgica, y con un once que balancea muy bien a jóvenes y veteranos (Bonucci, Spinazzola, Locatelli, Insigne, Inmobile) es un rival difícil.
En el otro lado de la barrera, España tiene potencialidades para seguir soñando, aun cuando los Morata, Olmo, Sarabia, Pedri, Laporte y Moreno, deberán ser muy precisos para no darle espacios a la exultante Suiza.
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