Afortunadamente, para nosotros los románticos, todavía se escriben historias sublimes de amor, dotadas de los más finos recursos histriónicos.
Ya sabemos a estas alturas que Giannis Antetokounmpo condujo de manera magistral a los Bucks de Milwaukee al título de la NBA –sobre los Suns de Phoenix- y rompió así con una sequía de 50 años sin títulos para esa institución.
Por su poderosa presencia sobre la cancha, tres premios MVP (2019 y 2020, temporada regular, y 2021, final) y despliegues paranormales en cada partido de la reciente etapa decisiva, no pocos expertos lo consideran desde ya como el jugador más dominante del planeta, con el valor agregado de haber recogido el legado del inigualable Kareem Abdul-Jabbar, quien guió a los Bucks a su único cetro anterior, en 1971.
Pero en momentos como este, casi obligatoriamente, hay que mirar al pasado. Sí, porque la historia de este magnífico baloncestista griego está escrita sobre un mar de espinas.
Hijo de inmigrantes nigerianos, Giannis nació en Grecia en 1994, pero vivió la mayor parte de su vida como indocumentado. De hecho, no fue hasta 2013 que recibió la nacionalidad de ese país europeo, e incluso sus padres cambiaron su apellido de Adetokunbo a Antetokounmpo para cumplir con ciertas normas helenas.
En su infancia y adolescencia vendió relojes, bolsos, gafas de sol y muchos etcéteras en Atenas. Sus progenitores, al ser inmigrantes e indocumentados, pasaban las de Caín para encontrar trabajo y poner un plato de comida sobre la mesa.
Sin embargo, el baloncesto cambiaría la vida de Giannis. En 2007 comenzó a practicar el deporte y en 2011 logró incluirse en el equipo masculino senior del Filathlitikos, en la liga griega semiprofesional B (tercera división).
Su desarrollo fue meteórico y el 30 de julio de 2013, como ciudadano y jugador de Grecia, ocupó el puesto 15 en la primera ronda de selección del draft de la NBA por los Bucks, una franquicia en plena reconstrucción (en 2014 fue la peor plantilla del campeonato con balance de 15 triunfos y 67 fracasos).
Poco a poco el conjunto empezó a tomar forma y fuerza, pero los fracasos seguían sucediéndose uno detrás del otro y varios especialistas especulaban sobre presuntos canjes que llevarían al ‘Greek Freak’ hacia elencos contendientes, para erigir formaciones galácticas.
Sin embargo, y con carga extra de romanticismo, Antetokounmpo aguantó la presión, degustó todos los tragos amargos que le deparó el destino y confió en su genio y en su equipo, hasta que por fin se alinearon los astros y convirtió todos esos martirios en el elixir más exquisito de la vida: el éxito.
(Tomado de Orbe)
















