Las instituciones financieras de la ciudad de Kabul cerraron en su mayoría el pasado 15 de agosto antes de abandonar el país el expresidente Ashraf Ghani y la toma de las entidades gubernamentales por los talibanes, apuntó la cadena Al Jazeera.
Al principio, el cese respondió al temor del saqueo y el posible derramamiento de sangre tras el triunfo talibán, pero luego los bancos continuaron sin abrir tras la decisión de Estados Unidos de cortar el acceso a siete mil millones de dólares de las reservas de oro y efectivo del Banco Central Afgano en la Reserva Federal.
Más adelante, el Fondo Monetario Internacional (FMI) también cortó la entrada a 460 millones de dólares.
Dichas cancelaciones se produjeron pocos días después que decenas de miles de personas acudieron a los bancos y cajeros automáticos para retirar la mayor cantidad de dinero posible previo al arribo de los talibanes.
Esta semana, los fundamentalistas radicales nombraron a Mohammad Idris como gobernador en funciones del Banco Central de Afganistán pero el Banco Mundial anunció que se uniría al FMI y a Estados Unidos en el corte de las finanzas para el país.
Esas suspensiones suponen un nuevo golpe para una economía dependiente en gran medida del exterior y que enfrenta el aumento del precio de los alimentos.
Asesores económicos y empresarios señalaron que las sanciones harán que la situación financiera en Afganistán sea insostenible para el grupo armado radical.
Este país de 38 millones de habitantes con enormes desafíos tras 20 años de ocupación militar de Estados Unidos en su supuesta cruzada antiterrorista, fue reconquistado por el movimiento talibán.
La nación asolada por la guerra tiene sombrías perspectivas económicas, con cinco millones de desplazados internos y 11 millones de refugiados en el exterior.
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