Anamullah Samangani, miembro de la comisión cultural de los fundamentalistas radicales, dijo que el mulá Hebatullah Akhundzada sería el líder del ejecutivo, indicó el canal de noticias Tolo News.
Mientras tanto, informes no confirmados indican que también habrá un puesto de primer ministro, agregó la fuente.
‘El nombre del nuevo sistema no debería ser ni república ni emirato. Debe ser algo así como un Gobierno islámico. Hebatullah Akhundzada estaría en la cima del equipo gubernamental, y por debajo de él habrá un primer ministro o presidente que trabajará bajo su supervisión’, dijo Mohammad Hasan Haqyar, analista político.
El grupo armado que tomó las riendas del país a mediados de agosto ya nombró gobernadores, jefes y comandantes de policía para las provincias y los distritos.
Por otro lado, los talibanes confirmaron que los combates en la provincia de Panjshir, a 120 kilómetros al noreste de Kabul, la única zona de Afganistán fuera del control del grupo fundamentalista radical, llevan dos días y ambos bandos sufrieron bajas.
Amir Khan Muttaqi, un líder talibán, dijo el miércoles que las conversaciones entre ambas partes fracasaron, sin embargo, afirmó que quieren resolver el problema de forma pacífica.
Desde que los talibanes se apoderaron de Kabul, surgieron destellos de resistencia de algunas tropas gubernamentales en la provincia de Panjshir.
Ahmad Massoud, al mando del último reducto antitalibán, reunió restos de unidades del ejército regular, fuerzas especiales y de las milicias locales y pidió un gobierno inclusivo y de base amplia en Afganistán, que represente a todos los grupos étnicos del país.
El movimiento Talibán conquistó la nación centroasiática a inicios de mes tras una ofensiva fulminante culminada en Kabul hace dos semanas, pero muchos afganos temen el regreso de su estricto régimen, cuyo primer periodo entre 1996 y 2001 cometió todo tipo de abusos, sobre todo contra las mujeres.
Afganistán está ahora más empobrecido tras la ocupación militar desde 2001 llevada a cabo por Estados Unidos y la Organización del Tratado del Atlántico Norte bajo el pretexto de luchar contra el terrorismo, donde gastaron más de dos billones de dólares y perdieron alrededor de tres mil soldados.
Desde el inicio de la guerra de 20 años sumaron 11 millones los refugiados afganos, cinco millones los desplazados dentro de Afganistán y más de 150 mil los civiles muertos.
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