‘Resulta una sensación agradable cuando reconstruyes y recreas algo olvidado en el tiempo e intentas mostrar a tu generación y a tu gente lo que solíamos tener antes’, expresó el Muwafaq.
No fue hasta 1922 que el juego de mesa salió a la luz, tras el descubrimiento de una especie de drapeado en forma de H alargada junto con sus piezas y dados, hallazgo que tuvo lugar durante las excavaciones arqueológicas en el cementerio real en la antigua ciudad sumeria de Ur, conocida ahora como Tal al-Muqayyar, en el sur iraquí.
Llevado al Museo Británico para un estudio más detallado, tomó más de cinco décadas que los expertos lograran interpretar el conjunto de reglas talladas en un trozo de arcilla.
Intervienen dos jugadores, cada uno con siete fichas circulares que deben moverse dentro del tablero. Si uno de ellos se coloca en una casilla ya ocupada, puede derribar a su rival, el cual deberá comenzar desde cero.
Algunas de las 20 casillas incrustadas ofrecen refugio a las piezas para evitar su derribo y también hay una segunda tirada de dados que tienen forma de pirámide.
‘No es solo un juego de suerte, hay estrategia’, según Irving Finkel, curador del Museo Británico que trabajó para descifrar la lógica del entretenimiento.
Los supersticiosos en la antigua Mesopotamia pensaron que el resultado de cada juego real era dirigido por los dioses o tenía un impacto en el futuro.
Finkel afirmó que el tablero era anterior a otros pasatiempo similares y extremadamente populares.
‘Antes de que el ajedrez y el backgammon llegaran al mundo, estaba el juego real de Ur’, aseguró el especialista.
(Tomado de Orbe)
















