París, 8 nov (Prensa Latina) A 40 kilómetros de Burdeos, en el corazón de sus famosos viñedos, resiste al paso del tiempo el poblado de Saint-Émilion, una suerte de paraíso medieval donde el buen vino, la naturaleza y la arquitectura representan una combinación única.
La localidad, situada en una colina del suroccidental departamento de Gironda, muestra y a la vez oculta más de 2 000 años de historia, testigo del esplendor y la caída del Imperio romano —que la nombró Ascumbas—, de la Edad Media con sus increíbles construcciones y de la Revolución Francesa.
Cuenta la leyenda, que el monje bretón Émilion llegó al lugar entrado el siglo VIII, hastiado de la vida mundana y en busca de paz espiritual, la cual encontró mediante la evangelización, la generosidad y alegados milagros, que convirtieron a la zona en sitio de peregrinaje y culto. Rodeado de viñas y de prestigiosas casas de vino y sus cavas, el poblado comparte con cientos de miles de visitantes cada año estructuras como la Iglesia Monolítica de Saint-Émilion, construida entre los siglos XII y XV a partir de cuevas; la Iglesia Colegiata, también medieval, y la Torre del Rey, único torreón románico intacto en Gironda, sin que los estudiosos lleguen a un acuerdo sobre su origen, atribuido en 1224 al rey de Francia Luis VIII o en 1237 al soberano inglés Enrique III.
Caminar por sus calles adoquinadas sugiere un viaje en el tiempo, que se antoja complicado por el constante accionar de cámaras y teléfonos o la mezcla de voces de curiosos que en los más diversos idiomas hacen saber al prójimo su asombro y satisfacción ante el inolvidable panorama.
Su valor histórico-cultural fue reconocido en 1999 por la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco) con la declaración de Patrimonio de la Humanidad.
Los viñedos de Saint-Émilion ocupan 8 000 hectáreas, sembradas con las variedades típicas de uvas de la región bordelesa: Merlot, Cabernet Sauvignon y Cabernet Franc, garantes de un producto reconocido a nivel mundial.
Parte del secreto de su suelo es la roca caliza, la cual durante un milenio aportó canteras de piedras para construcciones de los alrededores.
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