Junto a otros lugares como Copacabana, el Pan de Azúcar y el legendario estadio Maracaná, Río exhibe con orgullo a su colosal ícono art decó, símbolo de la cristiandad brasileña, situado a 709 metros sobre el nivel del mar, en el Parque Nacional de Tijuca.
Antes del famoso monumento, inaugurado el 12 de octubre de 1931, hubo un mirador en la cumbre de la colina conocido como Chapéu do Sol (Sombrero de sol) por su forma física.
Según historiadores, en 1859, el sacerdote Pedro María Boss sugirió que se erigiera una imagen religiosa en la cúpula del mirador, pero no fue hasta 1912 que la idea comenzó a tomar forma, cuando el cardenal Dom Joaquim Arcoverde insistió en edificar un Cristo para mostrar que la fe católica estaba presente en el pueblo brasileño. Las obras comenzaron en 1926 y el Chapéu do Sol se retiró por completo en 1942.
Hecho de hormigón armado y la llamada piedra de jabón, la estatua fue diseñada por el ingeniero brasileño Heitor da Silva Costa y construida en colaboración con el escultor francés Paul Landowski y el técnico compatriota Albert Caquot entre 1922 y 1931 en Francia.
Mide 30 metros de altura, sin contar los ocho del pedestal, sus brazos tienen 28 metros de ancho y pesa 1 145 toneladas.
A ctualmente figura como la tercera escultura de Cristo más grande del mundo, detrás del Świebodzi, en Polonia, y el boliviano de la Concordia. Además, en 2007, fue elegida oficialmente como una de las siete maravillas del mundo moderno y un quinquenio más tarde la Organización de Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco) la incluyó en la lista de Patrimonio de la Humanidad.
A los pies de la estatua, en su inauguración, se celebró también la misa de la consagración de Brasil, un acontecimiento que solo ha ocurrido una vez.
‘Cristo Redentor, el mayor símbolo de Brasil, de América Latina, que con los brazos abiertos recibe a los turistas y bendice a los cariocas’, parafrasea a Orbe la periodista y documentalista brasileña Rita Nardelli.
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(Tomado de Orbe)
















