Por tercer día consecutivo el país superó la barrera de los 700 contagios en medio de temores por el rebrote de la enfermedad.
Según el ministerio de Salud, casi la mitad de los nuevos casos estaba vacunados al igual que el 61,1 por ciento de los 54 pacientes en estado grave.
El primer ministro Naftali Bennett estimó anoche que la situación puede ser revertida en cinco semanas, aunque las autoridades médicas consideran que sin un nuevo confinamiento, al menos parcial, será difícil.
Pese a las numerosas reuniones en los últimos días las autoridades apenas aplicaron algunas medidas leves por temor a que las restricciones afecten aún más a la economía, ya golpeada por la duración de la pandemia.
Precisamente, el jefe de gobierno rechazó imponer medidas de confinamiento, como exigen los galenos, al expresar que el objetivo es proteger la salud de las personas pero al mismo tiempo mantener a flote la economía.
La crisis llegó esta semana a la Knesset (parlamento), donde Bennett y su antecesor en el cargo y jefe de la oposición Benjamin Netanyahu se acusaron mutuamente de ser culpables de la situación.
Estamos arreglando lo que ustedes descuidaron y todo lo que hacen es quejarse y quejarse, afirmó Bennett al dirigirse a sus críticos en el hemiciclo.
¿Qué estás haciendo para combatir el nuevo brote de coronavirus? La respuesta es, nada, contraatacó Netanyahu.
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