La acción que se atribuyó el terrorista Estado Islámico impidió al país festejar el Eid al Adha o Día del Sacrificio, una de las mayores y populares celebraciones musulmanas.
El presidente iraquí, Barham Salih, calificó de crimen atroz el atentado en el suburbio de mayoría chiita de Ciudad Sadr, al decir, ‘están apuntando a nuestros civiles; no permiten que la gente se regocije ni siquiera por un momento’.
Las imágenes de video compartidas en las redes sociales mostraron víctimas y personas gritando de terror; la explosión fue tan fuerte que arrancó techos del mercado.
Los refrigeradores llenos de botellas de agua estaban empapados de sangre y había zapatos en el suelo junto a frutas.
Tal violencia fue un lugar común en Bagdad; primero con las matanzas sectarias que siguieron a la invasión liderada por Estados Unidos en 2003 y luego con el Estado Islámico, el cual ocupó un tercio del país de 2014 a 2017.
Pero desde ese año, ese tipo de ataques resultaban raros en la capital iraquí, aunque en enero último ocurrió uno suicida que dejó un saldo de 32 muertos.
Un usuario de las redes sociales suscribió: ‘En cada Eid, hay una tragedia en Bagdad. Es imposible celebrar como el resto de la humanidad’, un resumen de los sentimientos que un dìa después de la fecha festiva, embarga a casi todos los iraquíes.
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