Una declaración de la oficina presidencial libanesa negó ese reporte con el cual se pretendía enrarecer las negociaciones y consultas para formar el venidero gabinete en el llamado país de los cedros.
‘Esa información y otras contenidas en el artículo carecen de fundamento’, precisa la comunicación.
Se trata de una noticia fabricada con el objetivo de dañar la cooperación entre el presidente Aoun y el primer ministro designado Najib Miqati, los encargados de nominar la próxima alineación gubernamental.
Sin embargo, a dos semanas de la asunción de Miqati al cargo, sigue sin avances la formación del gobierno por desacuerdos de puestos clave.
Aoun insiste en cambiar la distribución de los llamados Ministerios soberanos de Interior, Finanzas, Defensa y Relaciones Exteriores.
Y Miqati aboga por mantener el reparto de la actualidad, Interior para un musulmán sunita; Finanzas, musulmán chiita, y Defensa y Relaciones Exteriores, cristianos.
Ambas figuras celebraron seis reuniones desde el 26 de julio último con la agenda prioritaria de la nominación del gabinete, pero hasta ahora no emerge la solución.
Se espera crear un ejecutivo de 24 especialistas sin afiliación partidista para aplicar reformas con vistas a salvar al país de un colapso total, una iniciativa sugerida por el presidente francés, Emmanuel Macron.
Aunque en esa formación no se puede obviar la distribución sectaria confesional que establece la Constitución y el acuerdo Taif que puso fin a la guerra civil de 1975-1990.
En la percepción popular y de los analistas, el próximo colectivo ministerial impondrá un sello especial, en tanto que las anheladas reformas contemplan una lucha anticorrupción y contra quienes saquearon el erario en los últimos años.
Según una fuente familiarizada con el tema, hay un buen ambiente entre Aoun y Miqati, pero las exigencias de los partidos políticos obstruyen la nominación por temor a que sus trapos sucios se hagan públicos.
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