Durante años, el lugar aspiró a la nominación, concedida recientemente en una reunión en China. Con la entrada al selecto listado, se reconocen las arcadas como símbolo de ‘un estilo de vida urbano sostenible, en el que los espacios religiosos, civiles y los hogares de todas las clases sociales están perfectamente integrados’.
Para diversas voces, constituye un tributo a la emblemática Bolonia, ubicada en la región de Emilia Romaña y orgullo de sus pobladores, quienes desde hace siglos disfrutan de largas caminatas protegidos del sol y de la lluvia gracias ala ingeniosidad humana.
Dichos pórticos nacieron en la Edad Media ante el aumento de la población, en particular por la llegada de estudiantes e intelectuales a la Universidad de la urbe, como una forma de ampliar los pisos superiores de las casas.
Surgieron del llamado ‘sporto’ o soportal, una especie de balcón de madera construido en la fachada de los edificios, y con el paso del tiempo debieron apoyarse en columnas.
Uno de ellos aún en pie, el de la famosa Casa Isolani en Strada Maggiore, fue creado en 1250 con vigas de roble a nueve metros de altura.Luego, en 1568, un decreto favoreció las construcciones de ladrillos o piedras.
Del Renacimiento dan cuenta, entre otros, el lateral de la basílica de San Giacomo Maggiore, y el palacio Bolognini y las casas Beccadelli, en plaza Santo Stefano.
El mayor pórtico de la ciudad en longitud mide más de tres kilómetros, tiene 666 arcos, y su camino conduce al santuario de la Virgen de San Luca, ruta de peregrinación cada año de devotos de todo el orbe.
El de la basílica de Santa Maria dei Servi ostenta el récord del más ancho y fue diseñado por el famoso arquitecto Antonio di Vincenzo en 1300; el más alto, con 10 metros, corresponde al de la sede de la arquidiócesis, mientras el más estrecho, con apenas 95 centímetros, está en la calle Senzanome, en el barrio Zaragoza.
Otros son los pórticos-galería de la segunda mitad del siglo XVI que se encuentran en las más importantes calles, como el que sostiene la iglesia de los santos Bartolomeo y Gaetano y el de Pavaglione.
El reconocimiento de la Unesco a las vetustas arcadas que llevan de la mano a descubrir en cada rincón boloñés esa maravillosa obra humana,también concede valor universal a la arquitectura simbólica de la urbe, la que todos sus ciudadanos viven y aman.
(Tomado de Orbe)
















