Con una notable pendiente que desciende hacia el oeste-noroeste,la localidad en las faldas del cerro de Guadalupe se distingue por sus calles empedradas, angostas y empinadas,tejados rojos, balcones de madera, iglesias deslumbrantes, con una amalgama de colores y estilos que ofrecen al visitante la sensación de estar en un sitio seductor.
En esta barriada fue fundada la ciudad el 6 de agosto de 1538 y tomó su nombre de una capilla católica emplazada en honor a la Virgen de la Candelaria.
Construcciones coloniales y republicanas presentan muy buen estado de conservación y han sido declaradas bienes de interés histórico y cultural.
Dicha zona del centro histórico de Bogotá tiene cerca de 500 instituciones o grupos artísticos y centros de investigación, además de teatros, bibliotecas y universidades.
La Casa del Florero;el Museo de Arte Colonial; el Museo del Oro, con artefactos precolombinos, y el Museo Botero, que exhibe arte internacional, forman parte de la amplia lista de este tipo de instalaciones enclavadas allí.
Restaurantes informales, vendedores ambulantes, estudiantes, indígenas con sus atuendos típicos, gente con sus mascotas… reflejan una amalgama de vida.
Sin dudas, uno de sus puntos imperdibles, de obligada visita, es la Plaza de Bolívar: lugar de fiestas, movilizaciones, paseos y protestas, y donde se impone la Catedral Primada de Bogotá y la Capilla del Sagrario.
Ahí se encuentra el Capitolio Nacional (sede del Congreso de la República), y los Palacios de Justicia (Corte Suprema), Liévano (Alcaldía),y Arzobispal.
Esta plaza nunca está sola, nunca está vacía, miles de personas pasean por sus predios entre bandadas de palomas y gente humilde que aprovechan cada minuto para ganar algún dinero.
Desde la venta de dulces típicos hasta paseos en llamas, este centro popular y alegre es todo un recodo de paz que, en estos momentos, hace olvidar que el mundo se enfrenta a la peor pandemia de la última centuria.
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(Tomado de Orbe)
















