Siendo un país petrolero de los más antiguos en América, México dejó caer su industria de refinación de crudo y prácticamente casi todos los combustibles que consume los importa.
De tal manera que, en el balance del aumento de precio del barril de un 10 por ciento, y del metro cúbico de gasolina, diésel, y fuel oil en 11 como promedio, los ingresos extra por la venta de crudo se quedan cortos con las compras de los refinados.
México tiene suficientes reservas probadas de petróleo en tierra y aguas someras, cuyos costos de extracción están entre los más bajos del mundo -unos 14 dólares el barril aproximadamente-, y pudiera hacer un esfuerzo para aumentar la producción actual de un millón 350 mil barriles/día, pero solo lo ha hecho en 400 mil a pedido de la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP+) para suplir el ruso que deje de circular en los mercados.
En estos momentos los taladros de Pemex sacan un millón 753 mil toneles cada día que venden a 97,50 dólares por ser una mezcla de varias calidades, cifra por debajo de los 100-110 dólares que cotiza el West Texas Intermediate de Estados Unidos, y de los 139 del Mar del Norte que les sirven de referencias.
La situación en los mercados internacionales puede agravarse de continuar la guerra en Ucrania y aumentar las presiones sobre Rusia con las sanciones económicas. De ser así, se pronostica que el petróleo seguirá al alza porque a la OPEP+ le será imposible suplir el dejado de suministrar por Rusia, y Estados Unidos no podrá sacrificar sus reservas.
El presidente Andrés Manuel López Obrador, aseguró que México está preparado para paliar ese grave escenario, pero habló solamente de los combustibles, electricidad y precios domésticos los cuales prometió no sobrepasarán el umbral de la inflación.
Su gobierno ya está realizando una fuerte subvención de los carburantes, y tendrá que seguir haciéndolo si quiere mantener su promesa, lo cual afectará las reservas internacionales. De todas formas el usuario sentirá el peso de lo que ocurre, porque la repercusión de las presiones inflacionarias por las medidas económicas contra Rusia no la podrán evadir.
En el caso de México la inflación anualizada es de 7,73 por ciento y en ese rango ha subido todo, en particular los alimentos y medicinas, y por supuesto los combustibles, un nivel que no se registraba hacía muchísimos años en el país.
Significa que, por mucho esfuerzo que haga el gobierno para que los precios domésticos y las tarifas eléctricas no desborden los límites de los índices de precios al consumidor, el golpe es duro.
Como ya se observa, el fantasma de la estanflación ronda los principales mercados del mundo, con lo cual se pondrá a prueba la eficacia y durabilidad de las sanciones aplicadas por Estados Unidos y Europa a Rusia.
El economista jefe de Bank of America, Ethan Harris, dijo que cortar la mayoría de las exportaciones de energía de Rusia sería un «gran shock para los mercados globales», y que la pérdida de los cinco millones de barriles de Rusia podría hacer que los precios del petróleo se dupliquen a 200 dólares.
Mike Muller, de la firma de comercio de materias primas Vitol, también dijo que los precios podrían subir aún más y Bank of America lo respaldó.
La guerra militar se pasó a la economía, la ola de aumento de precios ya se apoderó de los materiales primarios y minerales como el níquel, aluminio, bauxita, etc., y de seguir así una sartén va a costar lo que un Rolls Royce, bromeaba un caricaturista.
Está por ver quién resiste más, si los castigadores o los castigados, si sobrevivirán mecanismos como el sistema bancario conocido como Swift, o son tragados por las alternativas que surgen, como el de China con Rusia.
La directora gerente del Fondo Monetario Internacional, Kristalina Georgieva, admitió que la guerra en Ucrania tendrá un impacto severo en la economía mundial. Parodiando a Cantinflas, en México dirían: he ahí el detalle.
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