El portavoz del Ministerio de Relaciones Exteriores, Ahmed Hafez, reafirmó el rechazo de su país a cualquier violencia en la zona, incluidos los planes de grupos de colonos de derecha a irrumpir en el santuario, ubicado en la zona ocupada de Jerusalén Este y considerado el tercer lugar más sagrado para los musulmanes.
A principios de abril, Hafez denunció las operaciones israelíes en los territorios ocupados.
El funcionario reclamó en un comunicado el fin inmediato de la campaña de las tropas de Tel Aviv, en especial en medio de las fiestas judías, musulmanas y cristianas que se celebran este mes.
También instó a evitar “caer en ciclos de violencia que impidan la estabilidad deseada y perpetúen el clima de tensión que solo conducirá a una mayor escalada mutua”.
El fin de semana los militares comenzaron una ofensiva en Cisjordania, centrada en la norteña ciudad de Jenin y sus alrededores, que hasta la fecha costó la vida a cinco palestinos.
Decenas de personas también fueron arrestadas o sufrieron heridas, muchas de ellas por disparos con munición real de los soldados.
El ejecutivo israelí presentó la operación castrense en ese territorio como una respuesta a un ataque ejecutado la pasada semana en Tel Aviv por un palestino oriundo de Jenin, que causó la muerte a tres civiles y al agresor.
El primer ministro Naftali Bennett afirmó días atrás que “no hay ni habrá límites para esta guerra”, tras anunciar “plena libertad de acción al Ejército, al Shin Bet (agencia de inteligencia nacional) y a todas las fuerzas de seguridad para derrotar al terror”.
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