En menos de un mes, la nación asiática simplificó muchas de las medidas adoptadas y todavía sigue con más flexibilizaciones en función de garantizar el crecimiento socioeconómico y erradicar prácticas polémicas que causaron malestar en la población y destaparon protestas sin precedentes en noviembre último.
Por ejemplo, las autoridades cesaron los confinamientos masivos, levantaron las restricciones a los viajes internos, se dejaron de exigir las pruebas PCR y también se descartaron los códigos tipo semáforo para acceder a cualquier sitio público, excepto las escuelas, centros de salud y casas de abuelos.
Ahora China permite a los asintomáticos y otras personas recuperarse en sus viviendas, liberó la venta de medicamentos usados contra la Covid-19, procedió con la segunda vacunación de refuerzo, además de autorizar la importación de la pastilla estadounidense Paxlovid.
Asimismo, las autoridades trabajan en la actualización de los protocolos sanitarios, los cuales deben revelar muy pronto y se espera que beneficien al desarrollo, mientras que algunos observadores aseguran que este escenario podría conducir a la gradual reapertura de las fronteras.
Pero mientras el país aligera las medidas restrictivas, al mismo tiempo experimenta un repunte tan alto de enfermos y muertes que obligó a transformar antiguos puntos de pruebas PCR en clínicas para dejar la atención hospitalaria a los casos más complicados.
Expertos citaron entre los factores detrás de ese aumento de la Covid-19 a la continua mutación del coronavirus SARS-CoV-2, la llegada del invierno y la caída de la respuesta inmune en las personas vacunas.
Es por ello que el Gobierno habilita más salas de cuidados intensivos y todas las provincias erogan presupuestos millonarios para dotar a sus hospitales de equipos como los ventiladores artificiales, grandes reservas de medicinas y otros materiales necesarios en el tratamiento a pacientes graves.
Igualmente, se proponen capacitar a más personal de salud, aumentar la disponibilidad en las salas de terapia en cada institución y garantizar dichos servicios en las zonas rurales, pues es donde hay mayor déficit de esos recursos.
Según cifras oficiales, China solo tiene 130 mil 100 camas en salas de cuidado intensivo, 80 mil 500 médicos y 220 mil enfermeras especialistas en esa rama.
Dichos datos preocupan porque los pronósticos apuntan a que en las tres oleadas que se avecinan entre este diciembre y mediados de marzo de 2023 habrán más de 124 millones de casos positivos, y de ellos 2,7 millones serán severos.
(Tomado de Orbe)
















