“Nuestras manos siempre han estado extendidas hacia la paz (…) para poner fin a la guerra y detener el derramamiento de sangre del pueblo”, manifestó el mandatario durante un encuentro en la capital saudita con el enviado estadounidense para Yemen, Timothy Lenderking, reportó la agencia oficial de noticias Saba.
Hadi acusó a los rebeldes hutíes de apostar por la continuación de la conflagración, que causó desde 2014 decenas de miles de muertos.
Al respecto, criticó la escalada militar en las gobernaciones de Marib, Shabwah y Taiz, donde se libran violentos combates, en especial en la primera, rica en petróleo y gas.
La milicia intenta desde febrero apoderarse de Marib, capital de la provincia homónima.
Recientemente los hutíes anunciaron la conquista de una base militar clave en la zona, aunque la noticia no fue confirmada por el Gobierno.
Según la oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados, dos tercios de la población de Yemen, unos 20 millones de personas, dependen de la asistencia humanitaria y el 80 por ciento vive por debajo del umbral de pobreza.
Después de años de conflagración, esa nación árabe tiene la cuarta población de desplazados internos más grande del mundo con unos cuatro millones de personas, subrayó recientemente el organismo.
Las hostilidades estallaron en 2014 cuando la milicia huti lanzó una ofensiva desde el norte y ocupó la capital Saná y amplias zonas del país.
Un año después Arabia Saudita y otros aliados árabes intervinieron en la guerra en respaldo de Hadi, cuyas fuerzas recuperaron algunas áreas, pero en los últimos meses perdieron terreno en los alrededores de Marib.
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