Según la institución científica con sede en Edimburgo, tal situación tiene como telón de fondo la carga psicológica provocada por la enfermedad, ocasionada por el coronavirus SARS-CoV-2.
El estrés y los trastornos del sueño relacionados con la pandemia tuvieron efectos adversos en los ciclos menstruales de las féminas.
La salud mental –puntualizan los especialistas– se agravó debido a cambios significativos en el estilo de vida diario, hábitos de alimentación y la práctica de actividad física.
Los expertos alertaron que el estrés puede perturbar los ciclos menstruales de las mujeres al afectar los niveles hormonales.
También provoca alteraciones del sueño y del peso corporal, agregan los investigadores.
“Las hormonas del estrés pueden inhibir directamente la liberación de hormonas sexuales, mientras que las alteraciones del sueño se asocian a la infertilidad y el aumento de la grasa del vientre también se relaciona con la disfunción menstrual”, argumenta al fuente.
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