Las principales casas financieras del viejo continente se mantienen sin embargo con atención primordial en la lucha contra la inflación que parece intensificarse, dijeron comunicados oficiales.
Ello ocurre a medida que los precios se disparan desde el combustible hasta los alimentos.
Si bien esta región puede ser la más vulnerable a un impacto económico extendido por la contienda bélica, el Banco Central Europeo (BCE) dejó en claro que esta parte del mundo no podía dar la espalda al aumento de la inflación en la zona euro.
Calificando la situación como un momento decisivo capaz de frenar el crecimiento e impulsar la inflación, el BCE acordó dejar de inyectar dinero en los mercados este verano, allanando el camino a posibles aumentos de las tasas de interés a finales de año.
Autoridades del BCE señalaron que tienen un mandato del dos por ciento en cuanto a inflación, que no se cumple en la actualidad.
Un reflejo similar surge en otros países occidentales, incluido Estados Unidos, mientras los funcionarios sopesan el daño potencial en sus economías por la guerra de Ucrania, contra el avance persistente de la inflación.
Incluso los funcionarios de política fiscal, más sensibles a la política de los desarrollos económicos y, a menudo, defensores de estrategias más laxas del banco central, son muy conscientes del poder corrosivo de una inflación descontrolada.
Dicho problema de la zona del euro supera el cinco por ciento este año, más del doble del objetivo del BCE del dos por ciento, y tardará hasta 2024 en volver a caer por debajo de ese nivel.
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