Según puntualizó Liang Wannian, directivo de la Comisión Nacional de Salud, la reclasificación de A a B de la patología a partir del 8 de enero próximo, es una señal de que el país está a un paso más cerca de dejar atrás la pandemia.
“El virus (SARS-CoV-2) sigue propagándose globalmente. Las infecciones domésticas siguen en aumento (…) pero debemos implementar medidas de control más científicas y precisas para evitar un colapso del sistema sanitario”, acotó.
Liang advirtió que aunque se dispararán más los contagios en enero, China multiplica esfuerzos para encarar los riesgos y optimiza sus políticas a fin de reducir la cantidad de casos graves y muertes.
La Comisión hace unas horas anunció que desde el próximo 8 de enero degradará de A a B la categoría para manejar la Covid-19, identificará la enfermedad como “infección por un nuevo coronavirus”, en vez de “neumonía por un nuevo coronavirus” y dejará de poner en cuarentena a los viajeros internacionales.
El país eliminará el aislamiento a los casos positivos, el rastreo a contactos cercanos y la designación de áreas de alto riesgo por la transmisión del SARS-CoV-2.
Mientras, el Ministerio de Relaciones Exteriores informó que los pasajeros internacionales ya no necesitan pedir un código de salud en las embajadas chinas y solo reportarán su estado en la tarjeta de la aduana.
Quienes tengan fiebre u otra anomalía recibirán una prueba de antígeno en el aeropuerto y luego podrán permanecer en casa hasta recuperarse.
China también levantará las restricciones a los vuelos con el resto del mundo, normalizará la concesión de todas las visas y reanudará los viajes turísticos al exterior de sus ciudadanos.
No obstante, exigirá el uso de mascarillas durante las travesías y las desinfecciones de los aviones.
Con estas decisiones el gigante asiático se aleja más de su estricta política de cero Covid-19 y avanza en la convivencia con el virus, tal y como hace el resto del mundo.
Este mes el Gobierno revolucionó el mecanismo sanitario, desmontó muchas medidas y simplificó otras en función de garantizar el crecimiento socioeconómico y erradicar prácticas polémicas que causaron malestar en la población y destaparon protestas sin precedentes en noviembre.
Pero al mismo tiempo el país experimenta el peor rebrote desde 2020 en Wuhan, que según expertos se debe continua mutación del coronavirus SARS-CoV-2, la llegada del invierno y la caída de la respuesta inmune en las personas vacunas.
La oleada disparó la cifra diaria a millones de infectados y aunque los muertos por la enfermedad también aumentaron, las autoridades sanitarias solamente contabilizan a quienes fallecen por problemas respiratorios o neumonía.
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