El diario El Comercio consideró lamentable lo que calificó como batalla campal en la que, anoche, participaron jugadores, auxiliares y hasta personal de seguridad de ambos conjuntos.
La violencia opacó la victoria de Universitario que le permite acceder a una repesca por el pase a la segunda fase del torneo como único representante peruano sobreviviente tras las rondas iniciales de las copas Libertadores y Suramericana.
Los reproches se enfocan sobre todo en el portero de Universitario, José Carvallo, por agredir con un puntapié en la espalda al delantero de Gimnasia y Esgrima, Agustín Ramírez, lo que le acarreará una dura sanción de la Confederación Suramericana de Fútbol (Conmebol) y perjudicará a su equipo.
Seguidamente, un jugador visitante agredió, también por la espalda, al arquero peruano.
Según los relatos de testigos, tras el silbato final, integrantes de la escuadra visitante reaccionaron molestos por la derrota y lanzaron insultos racistas contra los ganadores, lo que desató la gresca.
Varios comentaristas de televisión criticaron la falta de madurez de los locales y señalaron que debieron ignorar la furia de los rivales, a tiempo de advertir que lo sucedido puede dejar suspendidos a varios de los jugadores de Universitario.
Tras el partido y fuera del estadio del club limeño, grupos de hinchas violentos de equipos locales rivales se enfrentaron a pedradas y uno de los proyectiles impactó la cara de una mujer, que perdió la vista en un ojo.
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