El secretario general del Partido de Dios, Hasan Narallah, insistió en que restaurar los nexos con Damasco apoyará posibilidades de rescate económico para este país.
Con anterioridad, Nasrallah emitió iguales opiniones, pero siempre encontró oposición de formaciones políticas como Corriente Futura, del expremier Saad Hariri; Fuerzas Libanesas y Partido Socialista Progresista.
Ese trío rechaza cualquier tipo de reanudación de vínculos con el gobierno del presidente sirio, Bashar al-Assad.
Incluso se niegan a mantener contactos de coordinación con Damasco para el regreso de poco más de un millón de refugiados sirios en El Líbano que causan desórdenes estructurales en la frágil economía del país de los cedros.
“Reparar las relaciones con Siria es importante, porque abrirá puertas a una solución a la crisis libanesa de exportar productos agrícolas e industriales hacia el Golfo y la comunidad árabe”, dijo Nasrallah.
El Líbano no puede depender de Estados Unidos, la Unión Europea y los países árabes que están lidiando, agregó, con sus propios problemas económicos y la pandemia de la Covid-19.
“Nuestro camino hacia los mercados árabes es a través de Siria”, subrayó.
En cualquier caso, agregó, algunos políticos libaneses debían abandonar apuestas sobre un cambio en Siria, porque su pueblo y su Ejército ganaron la guerra contra los invasores.
Las relaciones Beirut-Damasco existen, pero en un alto nivel de frialdad y en ocasiones de tensión sobre todo a partir del asesinato en 2005 del primer ministro Rafik Hariri, de cuya ejecución, políticos libaneses responsabilizan a Siria.
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