Aoun responsabilizó a Hariri por el estancamiento del proceso como resultado del cual el país carece de alineación gubernamental desde agosto de 2020.
La dura retórica presidencial respondió a una declaración emitida por el partido Corriente Futura, que acusó al diputado y yerno de Aoun, Gebran Bassil, de bloquear la formación del ejecutivo.
El comunicado de la agrupación política, que dirige Hariri, calificó de mandato del infierno al de Aoun.
De tal manera que se complican los intentos de nominar a un colectivo ministerial capaz de anular pronósticos de una total debacle económica y financiera.
Esa nueva formación podría aplicar reformas estructurales, una condición exigida por la comunidad de internacional para ayudar al rescate de Líbano, cuya población está bajo amenaza de hambruna y miseria.
Los intercambios de insultos entre uno y otro bando desmoronaron recientes tratativas del titular del parlamento, Nabih Berri, quien presentó una iniciativa con posibilidades.
Berri volvió a presentar una oferta de 24 puestos en el próximo gabinete que se distribuirían a partes iguales entre cristianos y musulmanes sunitas y chiitas.
Esa propuesta mejoraría la de Hariri, cuya fórmula gubernamental se refiere a 18 portafolios que Aoun estimó irrealizable.
En ambos casos, los ministros carecerían de afiliación política, aunque el reparto es imposible de ejecutarlo sin tomar en cuenta el sector confesional, según reza en la Constitución.
El patriarca cristiano maronita libanés, Bechara al-Rai, quien intentó sin éxito mediar en la disputa Aoun-Hariri, aseguró que las condiciones para formar gobierno deben estar por encima de cualquier otra consideración.
‘Líbano es un país de diálogo y los insultos son inaceptables y no forman parte de nuestra cultura’, apuntó.
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