El cerro Santa Lucía o Huelén es punto de reunión de amigos, enamorados y familias enteras, principalmente en verano, cuando acuden a disfrutar de esa isla de verdor y tranquilidad.
Tal espacio se alza como un oasis apenas a 70 metros sobre el asfalto recalentado por miles de automóviles en la alameda Bernardo O’Higgins y calles circundantes.
Los mapuches, el indomable pueblo originario que ocupó buena parte de lo que son en la actualidad Chile y Argentina, todavía lo nombran Huelén, que en la lengua mapudungún significa tristeza o dolor. Quizás –dicen- porque su imagen primigenia era la de una elevación escarpada, de suelo negruzco y casi sin vegetación.
A la llegada de los españoles fue bautizado como Santa Lucía por el colonizador Pedro de Valdivia, quien el 12 de febrero de 1541 fundó a sus pies el caserío que se convirtió con los años en la ciudad de Santiago.
Estudiosos afirman que el cerro mantuvo durante mucho tiempo su naturaleza, aunque poco a poco comenzaron a erigirse allí fortificaciones que en gran medida permanecen hoy y cuyo emplazamiento obedeció a su posición estratégica, que lo convertían en punto de observación de todo el territorio próximo.
A fines del siglo XIX, el intendente Benjamín Vicuña Mackenna inició lo que sería la gran transformación de ese espacio como parte de una serie de trabajos para celebrar el centenario de la República.
De ese modo, se construyó un camino de entrada y circunvalación, una capilla de estilo gótico casi en su cima, jardines, plazoletas con fuentes y, en especial, se desarrolló un proceso de reforestación.
La suma de todas estas acciones cambió radicalmente la imagen del lugar.
En 1902, el arquitecto francés Víctor Villeneuve fue el responsable de un majestuoso acceso principal y de otras obras de estilo neoclásico como la Terraza de Neptuno, con arco de triunfo, cúpula, fuentes y paseos.
Ese conjunto le imprime al sitio un ambiente europeo que, aunque un tanto impostado, forma parte indiscutible de los atractivos del parque.
Con un toque mucho más moderno, el reconocido muralista chileno Fernando Daza creó allí, en 1971, un mural de cerámica en honor a la inigualable poetisa Gabriela Mistral, premio Nobel de Literatura, el cual es, sin duda, una de las grandes atracciones del cerro.
Pero Santa Lucia o Huelén, como queramos llamarlo, es sobre todo un compendio, en su reducida extensión y altura, de la evolución histórica y cultural de la capital de Chile, por lo cual, muy justificadamente, fue declarado en 1983 Monumento Nacional.
(Tomado de Orbe)
















