Realmente es un símil derivado de creencias de grupos nómadas chichimecas, principalmente guamares y guachichiles, tanto o más ancestrales que los olmecas, porque se embadurnaban el cuerpo y sus casas con la tinta azul que suelta la planta chupícua, que dio el nombre de Chupícuaro a una parte del Valle de Acámbaro, donde habitaban en el sureste del actual Guanajuato.
En lengua purépecha (imperio enemigo junto con los aztecas) podría ser Lugar Azul, y en interpretaciones que aparecen en la literatura Cielo Azul.
Lo cierto es que allí aquellos lejanos nativos pudieron construir una sociedad organizada incluso con un sistema electoral semejante a la democracia representativa actual, y una cultura tan importante como la olmeca, considerada la madre de todas las anteriores a la llegada de los españoles.
Para ellos fue un lugar de ensueño y creatividad, aunque no con la trascendencia de los olmecas siendo contemporáneos, pues estos dejaron una huella indeleble que España no pudo borrar como si hicieron en Chupícuaro, en especial con el aniquilamiento de la confederación guamares (Ixtlachichimecas para los colonialistas).
Chupícuaro fue víctima de los españoles a quienes combatieron muy duro sus tribus que finalmente fueron vencidas. No se habló tanto de ella como de otras culturas originarias a pesar de que es parte de una zona arqueológica prehispánica trascendente del centro-norte de Mesoamérica, y sobreviven etnias en México y Estados Unidos.
La fiebre constructora inundó con las aguas de la presa Solís gran parte del lugar perteneciente a Acámbaro y Tarandacuao, el valle que guarda los huesos de quienes conformaron una de las primeras sociedades agrícolas del México de hoy, desde donde se extendieron a Michoacán, Jalisco y Querétaro.
El Museo Regional de Antropología Palacio Cantón de Mérida, Yucatán, abrió sus puertas a una muestra de esa milenaria cultura tomada del hallazgo hace 75 años de 400 entierros funerarios en Acámbaro y podrá ser visitada durante varios meses.
Hay importantes piezas de cerámica de este estilo muy peculiar y amplio repertorio y riqueza con sus colores brillantes, variedad de formas e iconografía, y de la arqueología de Chupícuaro.
La exposición da una idea de la excelencia de su cultura y cómo aprovechaban la riqueza de su entorno para desarrollarla y elaborar armas e instrumentos para subsistir, como la obsidiana (cristal volcánico muy duro y resistente), con la cual trabajaban puntas de lanza o cuchillos.
(Tomado de Orbe)
















