Más de 400 hectáreas de cultivo, alrededor de un millón de botellas anuales entre vino tinto, blanco y rosado están presentes en 50 países, avalado por la variedad y la calidad de las uvas libanesas.
La fertilidad del suelo arenoso y cascajoso, la posición del sol sobre estas laderas a mil metros del nivel del mar y el clima mediterráneo bendicen los sembrados en la región más productiva de la nación, el Valle de la Beqaa.
De acuerdo con los relatos de enólogos, los antepasados fenicios fueron de los primeros en fermentar jugo de uva de las vides y el descubrimiento de restos de cuevas de más de cuatro mil años confirma la tradición vinícola en la finca Chateau Kefraya.
La conservación en barriles de madera de robles, árbol de prestancia a lo largo de la geografía libanesa, y en ánforas de barro aportan al sabor de terciopelo de la bebida de Chateau Kefraya que desde la década de 1980 recorre el mundo y conquista premios, aunque las plantaciones datan desde 1951.
Una buena parte del viñedo ya tiene la certificación orgánica y el uso de técnicas sostenibles permite que las vides florezcan y las variaciones de temperatura entre el día y la noche aseguran una perfecta maduración de la uva.
El fundador e impulsor de la marca, Michel de Bustros (1929-2016) describió la magia en torno a degustar una copa de vino como reflejo de la sensibilidad del alma y la exquisitez.
A su criterio, una buena copa permite conocer la historia detrás de la elaboración del vino, desde el sembrado, el florecer de la planta, la cosecha, el paso por la industria y la conservación.
El equilibrio perfecto entre tradición y modernidad en una bodega dotada de un equipamiento de última generación facilitan la preservación de botellas en su cava desde 1979 fecha del inicio de la producción con su propio sello hasta la actualidad.
La presencia de la pintura y la ópera ligada íntimamente a través de varios homenajes artísticos a lo largo del tiempo realzan la identidad y la armonía del vino de Chateau Kefraya, entre los de mayor prestigio en Líbano junto a Ksara y Chateau Muzar.
Visitar los sembrados, recorrer la bodega, ampliar la cultura vinícola y disfrutar de la naturaleza y la tranquilidad del lugar forman parte de la estrategia de la finca para acercar a libaneses y turistas a una de las tradiciones por excelencia de la nación levantina.
oda/yma