Previo a esta primera cita, el entonces recién electo presidente Gustavo Petro y los insurgentes acordaron en agosto último reiniciar los diálogos, los cuales se vieron concretados en una primera reunión exploratoria el pasado 4 de octubre en Caracas.
Las delegaciones convinieron en ese encuentro recomenzar en noviembre y retomar el conjunto de acuerdos y avances logrados desde la firma de la agenda del 30 de marzo de 2016.
Los dialogantes reanudaron las pláticas en esta capital el 21 de noviembre tras la aceptación de la propuesta de Petro a su homólogo venezolano, Nicolás Maduro, de que la República Bolivariana se incorporara junto a Cuba y el Reino de Noruega como país garante.
Estos encuentros quedaron interrumpidos en enero de 2019 por decisión del entonces mandatario Iván Duque (2018-2022), después del atentado contra una escuela de policía en Bogotá que dejó un saldo de 23 víctimas fatales y decenas de heridos.
Si bien poco se ha revelado sobre la marcha del proceso, desde el primer momento las partes fijaron sus posiciones en un comunicado conjunto en el que expresaron su disposición, optimismo, certeza y esperanza de reanudar con “plena voluntad política y ética” el diálogo.
Apostaron, asimismo, a construir la paz a partir de una democracia con justicia y cambios tangibles, urgentes y necesarios, así como dar la mayor participación posible y eficaz de la sociedad, con prioridad a los sectores históricamente marginados y abandonados.
Más allá de las diferencias que puedan existir, los representantes del gobierno colombiano en la Mesa de Diálogos, el senador Iván Cepeda, y Alto Comisionado para la Paz, Danilo Rueda, así como el jefe de la delegación del ELN, Pablo Beltrán, fijaron desde el primer momento sus posiciones.
Cepeda reconoció estar en un momento histórico, “casi único para el país”, y no podemos ser menores, ante la responsabilidad que tenemos con las generaciones presentes y las del futuro y con las memorias de quienes nos antecedieron.
Rueda manifestó que están abocados a unas conversaciones en la cual las partes quieren un cambio real y ven la paz no solo como un problema de dejación de las armas, sino articulado con la necesidad de cambios que beneficien a las comunidades.
Los colombianos “no podemos vernos como enemigos”, por lo cual la labor que tenemos es de reconciliación, de volver a encontrar puntos comunes, de construir una nación en paz y equidad, indicó el jefe guerrillero.
Las partes acordaron, en este primer ciclo de conversaciones, invitar a Chile, Brasil y México a sumarse a las pláticas como garantes, y a Alemania, Suecia, Suiza y España como acompañantes, además de Estados Unidos con el estatus de “enviado especial a la mesa de diálogo».
Beltrán reveló sobre la invitación que, en general, los países convocados a sumarse a los diálogos de paz, acogieron la invitación, y que el Gobierno estadounidense no había respondido a la convocatoria.
Convinieron, además, en reactivar el Grupo de Países de Acompañamiento, Apoyo y Cooperación, así como pidieron a los campesinos colombianos sumarse a las conversaciones.
Otro pacto alcanzado, revelado por Petro a inicios de diciembre, fue el de permitir el retorno a sus resguardos de las poblaciones indígenas Embera, quienes fueron desplazados de sus comunidades por el conflicto armado, “con garantía de no repetición y de retorno”.
Durante este primer ciclo de pláticas, el secretario general de la ONU, António Guterres, anunció la designación de Carlos Ruiz Massieu, jefe de la Misión de Verificación del organismo mundial en Colombia, como su representante para acompañar los diálogos de paz.
En carta enviada a Danilo Rueda, Guterres saludó a las partes por el restablecimiento de las conversaciones en Caracas y declaró el respaldo del organismo que dirige al actual proceso en Venezuela.
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