La ciudad de El Paso habilitó entonces un albergue de emergencia con mil catres para quienes consiguieron documentos después de entregarse a la Patrulla Fronteriza, y descartó así a decenas de familias que vagaban por la urbe, algunas de las cuales con niños muy pequeños.
Aquellos sin papeles buscaron socorro en locales administrados por iglesias y organizaciones sin fines de lucro, pero abarrotados en su gran mayoría.
Cuando las temperaturas empezaron a descender bruscamente, las imágenes de medios noticiosos mostraron las aceras cerca de una estación de autobuses cubiertas con mantas y ropa de cama improvisada como único recurso disponible para que los indocumentados se calentaran.
Así de dantesco era el escenario ante la tormenta invernal en la urbe texana, ya en estado de emergencia debido al arribo de miles de inmigrantes, muchos de los cuales no se entregan a las autoridades por miedo a la deportación.
Las tensiones en la frontera sur de Estados Unidos son crecientes desde hace varios días, pues allí comenzaron a acumularse personas a la espera del fin de una medida que permite expulsar a los solicitantes de asilo por motivos sanitarios, y cuya derogación, que debió entrar en vigor el pasado 21 de diciembre, fue aplazada por la Corte Suprema.
Ahora, grupos defensores de los derechos de los migrantes alertan allí sobre el despliegue excesivo de fuerzas militares que, según un comunicado divulgado, están capacitadas para “repeler y hacer retroceder a los ilegales”.
El discurso antiinmigrante en Estados Unidos gana en intensidad, y acciones como las del gobernador de Arizona, Doug Ducey, quien ordenó la colocación de contenedores con alambres de púas a modo de barrera en la frontera con México, generan críticas en la nación.
El más reciente de estos actos fue protagonizado por el gobernador de Texas, Greg Abbott, quien en la víspera de Navidad envío tres autobuses a la residencia en Washington D.C. de la vicepresidenta de Estados Unidos, Kamala Harris, con decenas de migrantes que fueron finalmente abandonados en las calles a temperaturas bajo cero.
(Tomado de Orbe)
















