El primer ministro Alberto Otárola, considerado por sus críticos un “halcón” partidario de mantener la dureza ante el problema y defender a la Policía pese a las casi 50 muertes, insistió en sostener que en el vasto movimiento de descontento hay infiltración de elementos terroristas, mineros ilegales y contrabandistas.
Por el contrario, el general retirado Wilson Barrantes, mombrado por el destituido presidente Pedro Castillo, declaró que antes de dejar el cargo advirtió a la presidenta Dina Boluarte sobre la escalada de protestas, tras la primera oleada desatada luego de la destitución de Castillo y su reemplazo por Boluarte.
El militar de carrera y experto en inteligencia fue reemplazado por el exoficial de inteligencia Juan Carlos Liendo, quien había declarado públicamente que las ataques y ocupaciones de aeropuertos y otros edificios públicos eran acciones de insurgencia terroristas que merecían ser tratadas como tales.
Barrantes comentó al diario La República que es “una estupidez” sostener lo dicho por Liendo -quien fue prontamente cesado por la presidenta- y que ese concepto no existe en la doctrina militar.
La exministra de la Mujer Anahí Durand afirmó que el Gobierno “sin duda está buscando crear un enemigo interno, un otro peligroso que culpar y aniquilar”.
“Eso no se condice con la realidad, lo que hay es una movilización masiva y territorial. No pueden probar que los asesinados pertenecen a ese ‘tercer grupo’”, añadió.
De otro lado, Barrantes negó que haya intervención extranjera en las protestas, sobre lo cual el primer ministro Otárola sostuvo que hay “indicios y pruebas” del ingreso desde Bolivia de municiones “dum dum” explosivas y otros materiales para los que llama infiltrados en las protestas.
El conocido periodista de investigación Ángel Páez cuestionó la versión. “Si los manifestantes de Juliaca portaban armas bolivianas, ¿por qué ninguno de los policías heridos evacuados a Lima presentaba heridas de bala? Dejen de mentir”, manifestó.
Sobre los alegatos de intervención extranjera en el conflicto, Barrantes señaló que es una maniobra distractiva.
“Es una distracción para confundir a la población, haciendo notar que hay un componente externo. Todo lo que estamos viviendo es interno”, aseveró.
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