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ESCÁNER: Mitología egipcia, un universo poblado de leyendas (I) (+Fotos +Videos)

El Cairo (Prensa Latina) Al igual que otras civilizaciones de la antigüedad, los egipcios intentaron explicar el mundo que les rodeaba a partir de múltiples divinidades; sin embargo, la fortuna geográfica de establecerse junto al río Nilo dotó a las creencias de un carácter esencialmente agrícola, luego reflejado en un complejo y poderoso sistema mitológico.
Por:
Ruth Lelyen

Corresponsal en Egipto

Dicha estructura se instaló en cada aspecto de la cultura egipcia desde el período predinástico (antes de 3100 a.n.e.) hasta el comienzo del siglo VI, lo que se evidencia en las pinturas de las tumbas y las prácticas funerarias encontradas que narran la creación del mundo por los dioses.

De esta cosmovisión -estrechamente unida a la naturaleza- surgió un panteón con disímiles entidades relacionadas entre sí que, de un modo u otro, influirían en muchas de las religiones y culturas de la época y otras que vinieron después.

EL NILO SAGRADO, FUENTE DE LA VIDA

No sería posible comprender la génesis y evolución de los mitos egipcios sin tener en cuenta el lugar que ocupó en esta cultura el hecho de haberse establecido en las márgenes de uno de los ríos más importantes de la región, que atraviesa el país de sur a norte.

Cuando afirmamos que Egipto es una de las cunas de la humanidad, olvidamos que, sin las bondades del Nilo, ese pueblo no habría podido sobrevivir y alcanzar los niveles de desarrollo económico, político, artístico y social que aún hoy día causan asombro y admiración.

Los egipcios sí eran conscientes de ello: las crecidas fluviales marcaban sus vidas anualmente y por ello, desde el comienzo de los tiempos, lo veneraron como un dios -al que llamaban Hapy-, pródigo al fertilizar las tierras y a la vez iracundo al provocar inundaciones.

Se le suele representar un tanto gordinflón y con platos llenos de frutas y otras delicias, como símbolo de abundancia y prosperidad, dones que el río sagrado podía proporcionarles, ya que de este dependían tanto la agricultura como la ganadería, la pesca y cualquier otra área de su economía.

Al considerarlo la fuente de la vida, muchos de sus mitos lo mencionan de forma directa, y del mismo modo, lo vinculan con distintas divinidades como Maat -que encarna los conceptos de equilibrio, armonía y justicia-, a Hathor -diosa de fertilidad- o a Isis y Osiris, de quienes se dice indistintamente que enseñaron a los egipcios a cultivar la tierra.

LOS ORÍGENES: PERÍODO PREDINÁSTICO

De acuerdo con los historiadores, las primeras evidencias de deidades en la antigüedad egipcia provienen de su período arcaico (3100-2686 a.n.e.), pero se cree que en el período predinástico ya existían creencias religiosas prehistóricas, de cuyo seno emergieron los dioses.

Las obras de arte de la época muestran figuras de hombres y animales; sin embargo, en la medida en que la sociedad va evolucionando, aparecen signos religiosos cada vez más nítidos, como es el caso de templos en los últimos siglos de la etapa predinástica, que revelan imágenes similares a las iconografías de divinidades posteriores (Horus y Set, entre otras).

La forma más primitiva de religión fue la veneración de deidades locales protectoras de los nomos (subdivisiones territoriales). Estos cultos perduraron hasta el final de la historia del Antiguo Egipto, sincretizados con deidades que fueron adoradas en todo el país.

Sus rasgos eran arcaicos: cada nomo honraba un animal sagrado que se asociaba de alguna manera al dios local, a menudo representado en forma de carnero, vaca, babuino, cocodrilo y gato, lo cual refleja que hubo una conservación de creencias totémicas.

Con el paso del tiempo, se produce un proceso de antropomorfización en los dioses tutelares locales. Así, el gato se convirtió en la diosa Bastet, con cabeza felina, y el halcón en Horus.

Las representaciones de Anubis y Hathor, con cabeza de chacal y de vaca, respectivamente, y otras imágenes semejantes señalan que existía un vínculo con animales sagrados.

Tras la unificación de Egipto bajo el mítico Menes, los gobernantes se proclamaron faraones de todo el país. A partir de ese momento, se consolida la religión y los reyes se arrogan la exclusividad de interactuar con las divinidades, pues la centralización del culto resulta instrumento de poder del Estado.

LA CREACIÓN DEL MUNDO SEGÚN LOS ANTIGUOS EGIPCIOS

De acuerdo con los mitos reflejados en el Libro de los Muertos, en el principio era la oscuridad y el caos en espiral, una masa líquida amorfa y sin propósito en cuyo interior Heka -dios de la magia- esperaba por la creación del mundo.

Este silencio acuoso al que llaman Nu dio origen a una colina primordial de nombre Ben-Ben, sobre la que yace Atum, que se manifiesta en forma de Ra -el dios sol- y se empareja con su sombra para concebir dos divinidades: Shu -dios del aire- y Tefnut -diosa de la humedad.

El primero ofrece al mundo primigenio los principios de la vida; la segunda, los del orden. Entonces vuelven con su padre, quien conmovido derrama lágrimas de alegría que caen sobre Ben-Ben y dan lugar a hombres y mujeres.

A su vez, Shu y Tefnut se aparean y conciben a Geb (la tierra) y Nut (el cielo), de cuyo amor provienen los cinco dioses egipcios reconocidos como las representaciones más antiguas: Osiris, Isis, Set, Nephthys y Horus.

El mito egipcio de la creación descansa sobre la observación que hace este pueblo de la naturaleza que les rodea y de los elementos más cercanos: sol, agua, cielo y tierra fértil, de los que dependen la vida y toda forma de supervivencia.

Y en este proceso la humedad -símbolo del Nilo- deviene causa inicial que conduce, incluso, al surgimiento de los seres humanos.

EL MITO DE OSIRIS

En la mitología egipcia Osiris juega un papel primordial ya que se le considera no solo una deidad generosa, que enseñó al pueblo las habilidades de la agricultura y de la civilización, sino además una figura juiciosa, razón por la cual su padre Ra le concedió el gobierno del mundo.

Junto a su hermana y consorte Isis, administra las tierras de Egipto con eficacia y provee a sus habitantes de todo lo necesario para vivir; por ello, es víctima de los celos de su hermano Set, quien lo mata y arroja al Nilo con el propósito de tomar el poder.

Tras una búsqueda épica, Isis logra resucitar al esposo lo suficiente como para engendrar a su hijo Horus, quien más tarde vengará a su padre y recuperará el trono, mientras Osiris se marcha al mundo de ultratumba para reinar sobre los muertos y garantizar los ciclos de la vida.

Mito central en las creencias egipcias, pone de relieve la importancia que le concedían a la muerte y los procesos de resurrección y el más allá, pero principalmente representa el eterno conflicto entre el caos y el orden.

Toda la mitología de esta civilización está atravesada por el principio de la armonía -representado por la diosa Maat-, equilibrio que se rompe y debe ser restaurado por la sabiduría.

arb/rlf

Colaboraron en este trabajo:

Amelia-Roque Amelia Roque Editora Especiales Prensa Latina
Martha Andrés Román Martha Andrés Román Editora Jefa de Redacciones Políticas
Laura Esquivel Editora Web Prensa Latina
Richard Ruiz Richard Ruiz Periodista Prensa Latina
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