Especies de aves, como la tórtola turca, son las que más preocupan en el informe, con un 43 por ciento en peligro de extinción, señalan los especialistas, reflejó el periódico The Guardian.
Criaturas como el lirón careto, la orquídea zapatito de dama y la anguila europea, también enfrentan un futuro incierto debido en gran medida a actividades humanas como la pérdida de hábitats, la aceleración de enfermedades como la gripe aviar a través de la ganadería industrial y la quema de combustibles fósiles, que alteran el clima.
El informe sobre el estado de la naturaleza recoge el trabajo de 60 organizaciones de investigación y conservación basado en datos de programas de seguimiento y centros de registro biológico, para proporcionar una referencia sobre el estado de la vida salvaje del Reino Unido.
Este jueves, grupos ecologistas como Wildlife Trusts, Greenpeace, Butterfly Conservation y Plantlife planean manifestarse ante el Ministerio de Medio Ambiente, Alimentación y Asuntos Rurales para pedir una mayor protección de la naturaleza.
Desde 1970, la abundancia de las especies estudiadas disminuyó una media del 19 por ciento y los anfibios y reptiles también están en peligro, con un 31 por ciento que enfrenta un futuro incierto, mientras el 28 por ciento de las especies de hongos y líquenes están amenazadas.
Además, el 26 por ciento de los mamíferos terrestres de Gran Bretaña enfrentan la extinción y también se registran descensos en la distribución de más de la mitad (54 por ciento) de las especies de plantas con flor.
Los estudiosos subrayan que el modo intensivo de gestionar la tierra para la agricultura y los continuos efectos del cambio climático son los dos principales motores de la pérdida de naturaleza.
Para las criaturas marinas, el cambio climático y la pesca insostenible son los factores más importantes.
Entre tanto, las especies de insectos que sirven para controlar las plagas, como la mariquita de dos manchas, disminuyeron un 34 por ciento, con un descenso más acusado que las especies de insectos en general, que se redujo un 18 por ciento.
La investigación recalca que sólo una quinta parte de las tierras de labranza está incluida en un régimen de agricultura respetuosa con la naturaleza y sólo el 44 por ciento de los bosques está certificado como gestionado de forma sostenible.
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