La figura de acero inoxidable, creada por la artista Claudia Fontes, lleva por título Reconstrucción del retrato de Pablo Míguez, secuestrado, torturado y desaparecido a los 14 años de edad junto a su madre, Irma Beatriz Márquez, miembro del Partido Revolucionario de los Trabajadores.
El 12 de mayo de 1977, ambos fueron sacados a la fuerza de su hogar en la localidad de Avellaneda por un grupo operativo del Ejército, en el marco de las acciones de exterminio del régimen.
La obra recuerda los 30 mil detenidos y desaparecidos en ese período e intenta reflejar la tristeza y nostalgia de un país que busca sanar sus heridas a 40 años de recuperada la democracia.
La imagen definitiva de la pieza es visualmente inaccesible y se recrea en la mente del espectador mediante la evocación del rostro. Es la representación de la condición del desaparecido: está presente, pero está vedado verlo.
Fontes intentó reproducir los rasgos del niño, aunque estos no se pueden ver, lo cual refleja la angustia de añorar el regreso de quienes ya no volverán.
Según la periodista, investigadora y sobreviviente de la dictadura Lila Pastoriza, el chico estuvo en el centro clandestino de detención El Vesubio y en la antigua Escuela de Mecánica de la Armada, donde fue torturado y también sufrió por las numerosas violaciones contra su madre.
“Se lo llevaron de allí una tarde de septiembre de 1977. Quise creer que lo liberarían. ¿Quién enviaría a la muerte a un muchacho de 14 años? El día antes del Juicio a las Juntas (1985), en Tribunales, alguien me dio un volante con su foto: Pablo Míguez, desaparecido”, relató Pastoriza.
(Tomado de Orbe)
















